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viernes, junio 23, 2017

Calcio storico de Florencia - Italia

Calcio Storico de Florencia

Tras cambiarnos de ropa y comer nos acercamos a la plaza de santa Maria la Novella para ver el desfile del calcio storico. Margarita nos había recomendado ir a la plaza della Signori para poder ver el espectáculo de banderas, pero como teníamos que prepararnos para el baile que comenzaba a las siete de la tarde preferimos acercarnos al inicio del desfile para verlos pasar con detalle. El calcio storico es un deporte que se practicaba en los campamentos militares de la Antigua Grecia y la Antigua Roma, donde a los soldados les servía tanto para divertirse como para mantenerse en forma. Ahora en Florencia hacen una reconstrucción de este deporte y mantienen un campeonato. Los partidos se juegan en la Piazza Santa Croce, que para la ocasión se recubre completamente de tierra y se rodea de gradas, quedando convertida en un estadio. Durante el desfile se pueden ver diferentes trajes en función del personaje que estén recreando, y hay muchos seguidores por lo que el desfile es largo. Podemos ver soldados: con sus armaduras, con lanzas, con espadas, con arcos, con cañones transportables, etc. También podemos ver a los señores a caballo, el personaje que lleva las dos pelotas del juego, una vaca, músicos tocando tambores, los árbitros vestidos de negro y llevando un libro de reglas en la mano, portadores de banderas, y sobretodo a los jugadores y su afición. En el torneo de calcio fiorentino participan cuatro equipos que representan a los barrios más antiguos de la ciudad, vestidos con sus colores distintivos: Santo Spirito (blanco), Santa Maria Novella (rojo), San Giovanni (verde) y Santa Croce (azul). En el desfile primero vemos a los soldados y a los músicos vestidos de amarillo, también distinguimos a los árbitros porque van vestidos de negro, y luego van pasando cada grupo identificado por un color; los verdes con sus músicos, portabanderas, jugadores y seguidores, luego los rojos, y así hasta terminar de pasar todos y acabar el desfile. La afición no va vestida de época y grita y se comporta como la afición del fútbol actual, no hay mucha diferencia. De los que vimos pasar, uno de los seguidores del equipo verde encendió una de estas bengalas que echan humo de color (en este caso verde) que nos asfixió un rato, y el equipo rojo tenía unos jugadores enormes que daban miedo, aunque como es una mezcla entre rugby, lucha y fútbol es normal ver semejantes tipos. Otra cosa que pensé es que nosotros habíamos pasado calor vestidos de época napoleónica pero ellos con esos terciopelos, y más los que iban de negro cubiertos de pies a cabeza, y siendo las cuatro de la tarde, iban a estar asados de calor.

Visita: Junio 2017

Mis imágenes: Italia - Calcio Storico

Información para viajar: Pendiente

jueves, junio 22, 2017

Florencia Napoleónica - Italia

Florencia Napoleonica

Empezamos el sábado por la mañana con un recorrido por la Florencia napoleónica. Como parece ser costumbre en estos eventos, comenzamos más tarde de la hora. Y supongo que eso fue un motivo para que el evento no fuera una maravilla; hacía mucho calor y éramos mucha gente. Así que fue un paseo por diversos sitios de Florencia sin llegar a oír ninguna explicación y además teniendo que ir vigilando el tráfico y a los turistas que cuando quieren son muy pesados. Pero quitando la parte recreacionista, que no tuvo nada de especial (como si mis amigas y yo nos vestimos y salimos de paseo por la ciudad), el paseo fue diferente a mis habituales por Florencia. José, Carolina y Paolina Bonaparte murieron en Florencia así que el paseo recorría los lugares donde vivieron y murieron siguiendo la ruta que el General Bonaparte tomo el 30 de Junio de 1796. El paseo comenzó en la puerta de San Fedriano, por donde entró Napoleón a Florencia y que estaba cubierta por andamios, supongo que en rehabilitación, pero la muralla se podía ver en perfecto estado. de aquí fuimos paseando junto al río Arno observando al otro lado del río la iglesia de Todos los Santos donde está enterrada Carolina Bonaparte, el palacio Corsini, donde íbamos a ir de baile esa noche, y así hasta llegar al puente anterior al Vecchio. Ahí hicimos una parada explicativa, de la cual no conseguí oír nada y luego seguimos hasta el palacio Frescobaldi, y de aquí hasta el palacio Strozzi. Hicimos una parada explicativa pero ya no recuerdo qué decían, no llegué a tiempo a escuchar todo. Y del palacio Strozzi seguimos caminando por la ruta que llevó Napoleón hasta llegar al duomo. En el Duomo paramos para algo, no sé si fotografías, explicaciones, o qué era. Entre los turistas y nosotros éramos demasiados en el recorrido. Del Duomo nos acercamos al palacio Vecchio y ahí tuvimos otra parada, la final, en la que según me contaron explicaron las actividades del día siguiente (digo que me contaron porque de nuevo no escuché nada). Aunque no me enteré de nada, durante el recorrido nos dieron un plano antiguo y un documento explicativo de la ruta napoleónica y los monumentos históricos de la misma, por lo que al menos tengo la información para poder comprender el recorrido.

Visita: Junio 2017

Mis imágenes: Recreación Napoleonica Florencia I

Información para viajar: Jane Austen Society Florence 

miércoles, junio 21, 2017

Museo Stibbert, Florencia - Italia

Museo Stibbert, Florencia

El museo Stibbert se encuentra lejos del centro de Florencia por lo que nunca lo había visitado. El museo es la antigua Villa Stibbert a la que le rodea un parque. Hay dos edificios de estilo antiguo, uno a cada lado de la verja de entrada. Primero vamos a la izquierda, al edificio que no es el museo y que llaman la Limonaia (no sé por qué se llama así), para poder ir al baño, y dejar todas las cosas que llevamos encima, dado que al empezar a las cuatro de la tarde y acabar a las 12 de la y va a comenzar el baile, en las salas vacías junto a la zona de bebidas, me quito la chemisette, las mangas largas (como otros vestidos de la época las mangas se podían acortar) y el sombrero. Estoy muy contenta porque en esta cena varias personas alabaron mi traje, que me lo hizo mi madre siguiendo el modelo de un traje de 1815 que hay en el museo Nordisk (y como mi madre cose a mano, le llevó su tiempo y esfuerzo). Durante unas horas se podía bailar o pasear por los jardines de la villa Stibbert. Tanto los paseos por los jardines como los bailes fueron populares pero de forma variada. Es bueno tener algo que hacer si no te apetece bailar en un momento determinado. Los bailes, como noche tenemos que llevar con nosotros los complementos de día y de noche. Como hace mucho calor hasta ahora en los eventos de Margarita, estaban dirigidos por el profesor de baile Donald Francis, que sabe hacer los pasos sencillos para los principiantes. Por otro lado, los jardines eran frondosos por lo que nos protegían del resplandeciente sol de Florencia y un lugar perfecto para pasear, perderse, y no ser visto. Mientras, el salón de baile ofrecía amplias ventanas para disfrutar de la vista tanto desde dentro como desde fuera. También era posible jugar en los jardines con la persona que más llamó la atención, casi equiparable a Napoleón, y que fue el pequeño Bastian. Junto con su ama de cría jugaba por los jardines de la Villa Stibbert y era tan adorable que encantaba a hombres y mujeres por igual. Así pasaron las horas, jugando, paseando, conversando, bebiendo y bailando, hasta que acabó el baile y fuimos andando tras Napoleón y su séquito hasta el jardín junto a la casa Stibbert, donde se encuentra la colección y el museo. Ahí nos esperaba un tentempié para mantenernos sin hambre hasta que llegara la cena que sería servida en el jardín, junto al museo. Las visitas guiadas por el interior del museo fueron ofrecidas en tres grupos, el último grupo era en español. Fue un detalle ya que normalmente estos eventos son solo en inglés, pero casi mejor que no hubiera habido visita en español porque el final fue un detalle malo. Y ya sabemos que siempre nos quedamos con lo malo en vez de con lo bueno. El edificio del museo por fuera no dice nada pero por dentro es impresionante, según el programa podíamos visitarlos por libre una vez acabadas las visitas con guía, pero la hora no fue actualizada y hubo un pequeño problema con ello. Pero volviendo a la visita, el museo Stibbert era la casa de Stibbert, y consta de unas 57 habitaciones que exhiben varias colecciones. La primera sala está decorada como una sala de la casa, con tapices, pinturas, lámparas impresionantes, chimenea, etc, tras esa sala pasamos por un pasillo a través de varias salas decoradas con diversos muebles, pinturas y tapices, en cada habitación encontramos pequeños rincones y objetos interesantes, como un pequeño rincón con madera que servía para dar frescor a la habitación, un tocador de época, etc, y así llegamos al invernadero que había sido cerrado para convertirlo en una sala más de la casa. Luego entramos en las habitaciones de la casa que son el propio museo lleno de colecciones de retratos, muchas armas, y armaduras de diversas épocas. Es impresionante ver tantas armas y armaduras de los suelos al techo, sin apenas dejar huecos libres, incluso se muestran las armaduras para los caballos. Hay diversas salas llenas de armas, salas de estilo árabe para las armas de ese estilo, salas con floretes de diversa procedencia y época expuestas en vitrinas que llegan del suelo al techo, etc. Uno de los recreadores españoles (la pareja de Vitoria simpatiquísima a la que me pegué como una lapa desde que me hicieron compañía en la recreación de Madrid) comenta que Stibbert fue un recreador, dado que se vestía y usaba las armaduras y armas antiguas que iba coleccionando, reconstruyendo como sería en la época, por eso tiene una colección tan grande. Como después de la visita guiada íbamos a poder visitar el museo por libre no me preocupe en hacer muchas fotografías, dado que entonces la visita guiada se hubiera retrasado porque el lugar es inmenso y tiene muchísimas cosas. Entre las cosas que tiene el museo está el traje con el que Napoleón fue coronado como Rey de Italia el 26 de mayo de 1805, por lo que también es posible ver la moda de la época napoleónica dentro del museo. Los pasillos de este museo invitan a perderte entre habitación y habitación, y un lugar perfecto para pasar esta noche de época. Tras acabar la visita nos encontramos con que el resto de la gente ya estaba sentada y cenando, y otros haciendo fila para coger la comida del buffet y sentarse. Un detalle muy feo el comenzar sin que hubiéramos terminado todos la visita, sobre todo porque al final el tiempo libre para visitar el museo era solo hasta las diez de la noche, momento en el que estábamos cenando (la hora de visita por libre fue adelantada en tres horas sin pre-aviso, por lo que no pude anticiparme a ello). Pero no acaba aquí la cosa, después de una noche fabulosa la cosa se fue estropeando, no solo por el detalle de la cena, sino porque una vez llegamos los españoles, nos ponemos a la cola del buffet y cuando llega el primer español a la mesa ya no quedaba nada de comida, absolutamente nada. Y hubo que esperar de pie durante no sé cuánto tiempo a que trajeran más comida. Lógicamente este es un problema del servicio, en estos días es tan difícil encontrar un servicio adecuado que se diera cuenta que tiene que servir más comida antes de que las bandejas queden resplandecientes por falta de alimento... Así que tampoco le podemos echar la culpa al evento, que, quitando ese detalle, fue perfecto. El lugar era ideal para una cena de época, la casa museo era espectacular, y aunque la cena era en el exterior, en los jardines adyacentes a la casa el clima era muy propicio, ni frío ni calor, la temperatura perfecta para estar al aire libre comiendo en agradable compañía. La luz de las velas iluminaban las mesas y ningún ruido molesto llegaba hasta nosotros (no había tráfico cerca del museo) por lo que podíamos conversar con la gente a nuestro alrededor. En nuestra mesa, además de la pareja que comentaba y otra española, había una pareja de estadunidenses, de Carolina del Norte, que asistían por primera vez a este evento. Y a nuestra derecha quedaba la mesa de Napoleón y su sequito, que cada cierto tiempo brindaban por el emperador, pero de nuestra mesa no recibieron gritos coreando el brindis, dado que Napoleón no estaba entre nuestros favoritos, pese a que estuviéramos en una cena con ellos (hay que saber mimetizarse con el entorno si se quiere sobrevivir en estos tiempos). La cena fueron platos exóticos haciendo eco de las colecciones del museo (con lo rara que soy comiendo, no me gustó nada). Y tras la cena era posible pasear por los jardines, la noche estaba limpia de nubes y la luna brillaba redonda de un intenso color blanco, como un fuerte foco de luz. Del museo a la puerta de salida había velas iluminando el camino porque la luz de la luna no era suficiente para alumbrar adecuadamente. Debido a ello los caminos de los jardines se presentaban bastantes oscuros por lo que pocos se atrevieron a pasear de noche por ellos. Aunque si sé de alguna dama española que se fue en compañía de un caballero canadiense para ver las luciérnagas de los jardines, o eso dicen que iban a hacer. Fue una recreación muy abierta dado que los años iban de 1796 a 1817, y los asistentes eran franceses, españoles, malteses, italianos, etc. Cuando acabó la cena resulta que el museo estaba cerrado y como la actividad de pasear por el jardín a oscuras implicaba un riesgo todos decidimos volver a casa, dado que al día siguiente, en contra de la época, íbamos a levantarnos pronto. Con el tema de los taxis volvimos a tener problemas, pero es que el tema del radio taxi en Florencia funciona muy mal, te ponen en espera muchísimo tiempo, solo te dejan pedir un taxi de vez, y así se tarda muchísimo en conseguir un taxi. Así que a esas horas de la noche coger un taxi para volver al centro de Florencia nos llevó más de una hora de espera. Y aunque el viernes era en teoría el único día que íbamos a coger un taxi, luego por otros motivos cogimos más y fue lo mismo. No sé si es que hay pocos taxi en Florencia o todos están más ocupados que en España, porque no era normal.

Visita: Junio 2017

Mis imágenes: Recreación Napoleonica Florencia I

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martes, junio 20, 2017

Villa Fabbricotti, Florencia - Italia

Villa Fabbricotti, Florencia

Comenzamos la tarde cruzando el río Arno para atravesar la plaza de Santa María la Novella y acércanos a la parada de taxis de la estación de tren. Nos encontramos con una larga fila de turistas que parece avanzar con lentitud pero aún así llegamos puntales a nuestro destino: 4.30 en la Villa Fabricotti. El taxista en vez de dejarnos en la puerta de la villa sube por la carretera lateral y nos deja arriba del monte, junto al jardín que hay detrás de la villa. Dados nuestros ropajes (ropa de día de 1815) se agradece evitarse la subida por escaleras que llevan a la entrada principal de la casa. Tras la casa, en la zona de los jardines, hay un templete donde nos refugiamos del sol abrasador de las cuatro de la tarde, y donde algunas personas, tan puntuales como nosotras, hacen lo mismo. Seguimos el camino que rodea la villa y al lado del edificio principal nos encontramos con un edificio de estilo templo romano, con pinturas de estilo antiguo y columnas redondas, con techo triangular. Posteriormente me enteraría que este edificio es la capilla de la villa. Tras llegar a la puerta principal de la villa nos encontramos con un amplio pórtico con suelo blanco y unas escaleras centrales que tienen una vista de la ciudad. La villa se encuentra en una posición alta, sobre un monte en la entrada de los jardines, y hasta la puerta principal hay varias escaleras que van girando hasta subir a la entrada de la villa, por lo que a medida que pasa la tarde vamos viendo cómo van llegando los invitados del evento. La escaleras están colocadas de tal forma que desde arriba no es perceptible la subida sino que hasta que las personas no han llegado arriba del todo no consigues ver qué visitante se acerca. Llega Napoleón con su séquito, incluida su guardia mameluca, y todas las mujeres piden hacerse fotografías con él (en este fin de semana Napoleón fue recreado por Mark Schneider, que es bastante conocido como Napoleón para los que llevan varios años en el mundillo de la recreación. Suele hacer de Napoleón en los eventos del Jubileé en Francia, y es estadounidense, -hasta ahí llegan mis conocimientos-). Y como si del mismo Napoleón se tratara se ve rodeado de mujeres ansiosas por tener su turno en conocerlo. Una vez llega Napoleón ya podemos entrar a la villa, lo más llamativos son las dos primeras salas que hay nada más entrar. La villa es un edificio del gobierno al que nos han permitido asistir a las dos primeras salas de la planta baja con vistas a la terraza y que conservan el aspecto original de la época que nos interesa. Este lugar tiene relación con Napoleón porque el 9 de junio de 1825 en esta Villa murió Paolina Borghese Bonaparte a los 44 años. Como es del gobierno la villa no suele estar abierta al público (no así los jardines que lo rodean) por lo que es una gran oportunidad. Aunque como éramos muchos y hacía calor nos íbamos turnando para ver las habitaciones. Tras ver los techos de las salas de la villa salimos a la terraza para bajar las escaleras de entrada a la villa y seguir el parque adyacente hasta el museo Stibbert.

Visita: Junio 2017

Mis imágenes: Recreación Napoleonica Florencia I

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lunes, junio 19, 2017

Florencia - Italia

Florencia

Regreso a Florencia, que junto con Bruselas, Barcelona y Madrid es una de las ciudades en las que más veces he estado. Como la última vez (el año pasado) al llegar al aeropuerto nos encontramos con los militares armados. Nuestro apartamento está cruzando el Arno tras pasar la plaza donde está la iglesia de Santa Maria la Novella. Pero antes de salir a pasear toca planchar todo, dado que uno de los problemas de viajar de recreación es los trajes y complementos, que no están preparados para la época moderna. Pero tras dejarlo todo recogido y preparado salimos a dar una vuelta por la ciudad, aunque había planeado visitar algún lugar nuevo al final nos acercamos a uno de los edificios antiguos junto al Duomo donde se daban clases de baile y donde pudimos practicar los pasos que habría en el baile napoleónico del sábado noche. Desde el primer piso, donde era la práctica, había un balcón con vistas al jardín interior del edificio de estilo palacio antiguo, y al caer la noche las luciérnagas volaban por el jardín iluminándolo como pequeñas lucecitas en la oscuridad. Al regresar de la clase de baile hacia tanto calor que se podía ir andando hasta nuestro apartamento pasando junto al Duomo y cruzando el puente Vecchio. Y al día siguiente teníamos hasta la una, más o menos, para dar un paseo, pues después tocaba comer y prepararse para trasladarnos de época. Así que nos limitamos a pasear por el casco histórico de Florencia. Al contrario que le resto de veces en las que estuve, en cada rincón del casco histórico había enormes coches militares y varios militares y policías armados hasta los dientes. Era un aspecto diferente al resto de veces en las que solo había colas de turistas. Esta vez eran los militares armados y los turistas los que hacían compañía a los edificios históricos de Florencia, me llamó la atención porque por mi ciudad todavía no hay ninguna vigilancia tan llamativa. Empezamos el recorrido por el Duomo y fuimos hasta las galerías Uffici para luego cruzar el puente Vecchio y llegar hasta el Palacio Pitti. Había turistas pero nada en comparación al número de turistas que nos encontramos el sábado. Si hacer cola para entrar a los sitios en viernes era duro, el sábado debió ser infernal, sobre todo porque hizo un fin de semana muy caluroso. Hubo una ola de calor por toda esa zona mediterránea (España incluida). Si uno no tiene mucho tiempo en Florencia, dar un paseo por el centro da una impresión general de todo lo que tiene por ofrecer esta ciudad.

Visita: Junio 2017

Mis imágenes: Pendiente

Información para viajar: Pendiente

lunes, junio 13, 2016

Barga - Italia

Barga

Tras Bagno di Lucca nos dirigimos a Barga, más concretamente nos dirigimos hacia un restaurante en lo alto de una de las montañas que nos rodeaban para comer y tener unas fabulosas vistas de Barga, que como Bagno di Lucca estaba construida en una montaña, con sus casias elevándose y rodeando, en lo más alto, la iglesia con su campanario. Y a su alrededor más montañas rodeadas de viñedos, cosa no sorprendente dado que Barga está situada en la colina de Remeggio entre Luccay la Garfagnana, pura toscana italiana, colinas, caminos y viñedos. Aunque antes de llegar a ese restaurante tuvimos que parar en un cruce para esperar al mini-autobús del lugar, dado que el camino sinuoso para subir a lo alto de la colina era demasiado estrecho para un autobús normal. En ese cruce había una antigua escultura de una virgen con un niño, del estilo que se encuentra haciendo el camino de Santiago, bajo ella las señalizaciones en dirección a Barga. Tuvimos la suerte de que la lluvia de la tormenta que nos perseguía desde Bagno di Lucca descargara toda su agua mientras estábamos en el autobús y durante la comida, una comida fabulosa y con unas ingentes cantidades. Tras la comida nos dirigimos hacia la localidad de Burga, No muy lejos de esta localidad, en una aldea llamada Castelvecchio el poeta italiano Pascoli tenía una casa, en un inicio íbamos a verla esta casa, que aún conserva el mobiliario, la biblioteca y los manuscritos del poeta, pero estuvimos todo el día yendo con retraso; salimos tarde, llegamos a comer pasadas las tres de la tarde, en fin, casi ni llegamos a ver Barga donde teníamos una representación en el teatro de la localidad, al final tuvimos una cortita. Como decía llegamos tarde a Barga, el autobús nos paró en la perta real, donde nos recibieron con aplausos. La entrada a la ciudad, en parte amurallada, por la puerta real nos ofrece una idea del tipo de ciudad medieval italiana que visitar. El edificio más importante de Barga es la catedral que desde el castillo domina la ciudad y las colinas y que tan bien vimos desde el mirador del restaurante en la colina vecina, cuando la lluvia dio paso a una agradable tarde en la toscana. Desgraciadamente como íbamos con retraso no pudimos subir hasta lo alto de la ciudad a ver la catedral, ni pasear tranquilamente por sus calles, aunque de camino de la puerta real hasta el teatro dei differenti de Barga pudimos pasar por iglesias y casitas de estilo antiguo. Llegamos al teatro de Barga para entrar y recibir la información histórica del lugar como introducción antes del espectáculo, un dúo de Don Giovanni, con acompañamiento al arpa y dos sopranos, a ella ya la había escuchado en Elba y es fabulosa y el pequeño hijo de mi amiga se quedó prendado, no apartaba la vista del escenario, ni siquiera para comer, estaba todo callado y concentrado en la música. Luego tuvimos al violinista, nuestro Paganini particular, y de nuevo otro dúo para finalmente acabar. Una verdadera pena ir tan cortos de tiempo porque disfrute mucho más de esta representación desde nuestro palco, con vista al escenario, a los otros palcos con todos vestidos de época, disfrutando de la música y del encanto histórico del lugar. Nos marchamos de Barga de regreso a Lucca, disfrutando de las vistas de la toscana y de los gorgoritos del pequeño de mi amiga, que parecía que le había gustado tanto la música que ahora la cantaba. Pero ese no fue el único descubrimiento del día, en esta excursión descubrí que los ridículos son ridículamente pequeños y que el abanico, los guantes, y el resto de cosas, no conseguían entrar en el bolso. Menos mal que hacía mucho calor y el abanico estaba siempre fuera del ridículo y en uso.

Visita: Mayo 2016

Mis imágenes: Dentro del Álbum Italia Napoleonic Weekend II  y el Álbum de Italia Album de la pagina del Facebook)

Información para viajar: Jane Austen Society Florence

domingo, junio 12, 2016

Bagno di Lucca - Italia

Bagno di Lucca 

Tras pasar la noche despiertas hablando sobre la fiesta y reconociéndolo, criticando, madrugamos de nuevo para disfrutar de un día de turismo al estilo napoleónico. Llegamos puntuales a la puerta de San Pedro, rodeada de flores y murallas, donde llegarían los autobuses para ir de viaje por la toscana. Nuestra primera parada fue el puente del diablo o de Santa Magdalena. El camino hasta ahí fue atravesando verdes montañas y ríos, por lo que no fue ninguna sorpresa encontrar un puente de piedra, de arco perfecto sobre las aguas verdosas que atravesaban el pueblo, con casitas de piedra sobre la montaña a cada lado del puente. El mirador del puente se encuentra a la sombra, por lo que desde ahí se puede disfrutar de una preciosa vista de postal, porque el puente se refleja en el río. Como todo puente antiguo hay una leyenda a su alrededor:”El constructor del puente se dio cuenta de que nunca podría terminar la construcción en el tiempo asignado. Teniendo un miedo terrible de las consecuencias que este retraso podría tener en su honor y en su familia, decidió llamar al diablo para finalizar el trabajo más rápido. El diablo lo ayudaría con una condición: "la primera alma que cruzara el puente sería para él." El constructor y el diablo entraron en este acuerdo y el puente se terminó en una noche. Pero el constructor tenía remordimientos, así que negaba el acceso al puente a los habitantes del pueblo y se fue a confesarse a la iglesia de su aldea. El obispo le dijo que tenía que irse a casa y dejar a la primera alma cruzar el puente. Cuando esto paso, el diablo apareció a por lo que le correspondía y se encontró cara a cara con un cerdo. Atrapado por su propia trampa, el diablo se vio obligado a atenerse en su acuerdo”. Después de una breve parada en el puente nos dirigimos al centro del pueblo en autobús donde paramos frente al casino de Bagno di Lucca. Ahí nos estaba esperando el alcalde de la localidad, con la televisión para enseñarnos la localidad. El pueblo está todo en la montaña y hay que ir subiendo y subiendo para ver los diversos rincones hermosos del lugar. Eso es bastante incomodo con ropa napoleónica, afortunadamente estrenaba botines para hacer más cómodo el camino por las calles y cuestas empedradas. Comenzamos visitando el teatro de la localidad, nos sentamos para disfrutar de una breve explicación histórica pro parte del alcalde y admiramos el pequeño teatro de la época en la que la localidad era visitada por los famosos de la época, empezando por Elisa Bonaparte. Tras salir del teatro comenzamos nuestro recorrido visitando las diversas casas y mansiones del lugar, una zona encantadora. Tras ver alguna casa por fuera paramos junto a la entrada a los baños donde el alcalde nuevamente nos dio otra explicación sobre el lugar y entramos a ver los baños. Desde Bath no había visitado unos baños termales antiguos, y me gustó mucho ver las bañeras grandes y al estilo clásico, las salas redondeadas donde alejarse del calor del sol de la toscana, claro que solo nos alejamos del calor nosotros porque cuando tomaban los baños aquí eran aguas termales y por tanto no frías. Tras los baños procedimos a visitar por dentro dos casas que fueron alojamientos de antiguos personajes famosos que estuvieron ahí (Pagannini, Puccini, la reina Margarita, dumas, Byron…) la casa más bonita era la de Byron, no porque por su interior o exterior fuera espectacular, sino porque estaba en un rincón encantador, el parte superior del pueblo había que subir bastante para llegar a ella, pero al llegar tras estrechas calles te sorprendía un hermoso jardín lleno de flores, con preciosos rincones con fuentes y árboles. El lugar era de ensueño, y nuestro camino pro el pueblo (ya en descenso) nos permitió tener una vista maravillosa de las montañas rodeando el pueblo y las casitas y los campanarios a nuestros pies. Me he dado cuenta en mis viajes que Byron viaja ba mucho porque su estancia me la he encontrado en varios países. Antes de salir hacia Barga tuvimos tiempo libre para tomar algo, más concretamente algo fresco que nos aliviara el calor. Hacia dos noches descubrí que la ropa de la época napoleónica no estaba preparada para la lluvia, este día descubrí que la ropa napoleónica para pasear de día no está hecha para el sol de la toscana. De la toscana me quedé con que Bagno di Lucca es un pueblo precioso con mucha historia, y que me gustaría poder volver a verlo con una calzado y ropa más apropiados para el turismo.

Visita: Mayo 2016

Mis imágenes: Dentro del Álbum Italia Napoleonic Weekend II y de Italia Album de la pagina del Facebook)

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sábado, junio 11, 2016

Palacio Ducale, Lucca - Italia

Recepción de la Corte y Baile en el Palacio Ducale de Lucca

Nos preparamos para la recepción y el baile en el palacio ducal de Lucca en honor de Elisa Bonaparte. Es curioso cómo se puede imaginar que la ropa de la época napoleónica es todo igual pero cada una de nosotros lleva un estilo diferente; una llevaba un vestido fantasía oriental con turbante, media luna, velo y cola de blanco con dorado, otra llevaba un vestido blanco sin cola con lazo azul según la moda “a la victim” y camafeo con tiara de hojas de estilo griego, otra un vestido largo de color azul y turbante con pluma de pavo real, y por último yo con un vestido de 1814 de rosa y blanco con puntilla y flores en el cabello. Diferentes estilos y todos aceptables dentro del periodo del evento. Dejamos a la ama de cría y al niño en el palacio-apartamento- dado que no estaba en las mejores condiciones y marchamos pronto al baile, en la plaza de entrada al palacio ducal estuvimos esperando y hablando con la gente hasta que por la escalera principal y con la guardia privada de Elisa Bonaparte nos invitaron a acceder al palacio. Subimos la magnífica escalera hasta llegar a la sala del palacio ducal donde esperaba Elisa Bonaparte y parte de su corte. La sala de la corte está decorada de pinturas clásicas en las paredes, adornos florales, otomanas y sillas, pero sin duda lo más impresionante son las paredes del salón. Si a esto le añadimos la cantidad de gente vestida con sus mejores galas el lugar adquiere un aspecto de otro tiempo. Sin duda las salas del Palacio Ducal muestran un aspecto que no se imagina uno viendo el palacio por fuera. Al inicio tomamos atención de la explicación sobre Elisa Bonaparte y su corte, y pudimos disfrutar de momentos en los cuales cuando Paolina Bonaparte visitaba a su hermana jugaban a la gallinita ciega (casi pilla a una de mis amigas) o cuando corrían por ser el primero en llevar un capricho a Elisa. Tan en serio fue la carrera que algo de helado cayó al suelo en la carrera por ser el primero en servir el helado a Elisa, aunque prontamente acudieron los lacayos a limpiar la mancha del suelo. Tras participar en los juegos de la corte de Elisa procedimos a la otra sala donde los músicos esperaban con sus instrumentos listos para que comenzara el baile. Aquí arrastré a una de mis amigas a bailar, aunque luego ya no hubo forma de volver a sacarla a bailar, y aunque una se ofreció en uno de los bailes, en ese momento esperaba convencer a mi otra amiga, ni la convencí ni luego supe más de las otras, es decir, me sentí completamente olvidada. La verdad, es peor ir acompañada y que te dejen de lado que el ir sola, por lo menos si vas sola es razonable no tener opciones, si vas acompañada es como en los libros en los que el resto del mundo se olvida de que existes. Tras el desastre del baile pasamos a los otros salones del palacio Ducal y descubrimos el salón de juegos. En él se encontraban varios caballeros, uno de los juegos, en italiano, no conseguimos descubrir en qué consistía pese a echar un vistazo de vez en cuando, luego había otro juego de cartas que tenía pinta de ser parecido al veintiuno, y había otras meses de juego con cartas a la disposición de quién quisiera. En los interludios del baile el maestro Paganini, un artista del violín que tocaba en la corte de Elisa Bonaparte nos deleitó con su música y destrezas. Tras acabar la música del violín comenzó el baile y procedimos a regresar a la sala de juegos. Como dos damas de la época mi amiga y yo nos sentamos a jugar a las cartas, mientras observábamos a nuestro alrededor y criticábamos en conveniencia. Y aunque mi amiga parecía una tahúr preparada para hacer trampas la que ganó la partida fui yo. Tras terminar con las cartas, otro interludio musical y observar las mesas de juegos pasamos a otra de las salas del palacio donde había un par de damas sentadas conversando y donde hice algunos pasos de baile demostrando que no tengo el mínimo equilibrio. Nuestra amiga y el pequeño llegaron y estuvimos con ellos en otra de las salas hasta que me senté en las sillas a ver bailar. Y digo bien lo de ver bailar porque me sentí como los personajes de los libros a los que nunca les sacan a bailar y que parece que son invisibles aunque estén en el salón de baile. A mi amiga varios caballeros la sacaron a bailar, a mí en cambio, pese a estar a su lado, nadie me invitó, aunque supongo que como soy tan torpe nadie quería arriesgarse a tomar una pareja de baile torpe, así que vi bailar y bailar esperando que pronto finalizara el baile y diera paso al buffet de la época. Finalmente, en cuanto vimos que la gente se acercaba a las puertas dobles que daban acceso a otro de los salones del palacio, consideramos que el buffet estaba por servirse. Por experiencia sabía que el buffet era según la época, servido frío dado que al fin y al cabo a estas horas de la noche y para tanta gente es imposible que en la época se sirviera caliente tanta cantidad de comida. La presentación como siempre fue espectacular y cuidada, con el pato con sus patas atadas y el salmón con la cabeza y el cuerpo mostrando los animales que eran. Por desgracia esto no lo vi en primera persona sino que lo vi unos días más tarde cuando en Facebook publicaron fotos de la cena. Esto fue porque era la primera vez que iban dos de mis amigas, así que nos dividimos, primero iban dos y luego otras dos. Como yo ya lo había vivido dejé que fueran ellas primero, pero si llego a saber que no iban a contar nada, ni a describir que habían dicho, ni a mostrar siquiera las fotografías, igual me hubiera ido. Como decía, todos los inconvenientes de ir acompañada y ninguno de los beneficios. Y tras una provechosa cena procedimos a recoger los bolsos, los chales y a regresar al palacio a dormir, porque aunque en la época trasnochaban por los bailes al día siguiente no madrugaban pero nosotras, trasnochábamos y al día siguiente madrugábamos. No hay descanso si se va de recreación, pero normalmente se disfruta mucho. Al salir pudimos observar que las puertas estaban franqueadas por la guardia privada de Elisa, que estuvieron toda la noche de guardia, y la gran escalera nos ofreció un aspecto solitario tras compararlo con la algarabía de la llegada. Antes de salir las grandes puertas nos dieron la bienvenida a la noche moderna y llena de gente en la calle, la zona central de Lucca se parece a cualquier zona de tapas y copas en una ciudad española.

Visita: Mayo 2016

Mis imágenes: Dentro del Álbum Italia Napoleonic Weekend II (Album de la pagina del Facebook)

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viernes, junio 10, 2016

Palacio Pfanner, Lucca - Italia

Picnic en el Palacio Pfanner de Lucca

Conseguimos llegar al Palacio Pfanner gracias a los fotógrafos del evento que conocían el lugar, porque tal y como comentaba en la entrada de Lucca los palacios por fuera parecen grandes edificios sin ningún adorno orientativo. Una vez localizado el palacio salimos a tomar algo fresco en el bar de al lado antes de entrar. Mientras estábamos en la terraza vimos al resto de recreadores pasar, los primeros en pasar fueron el 36 regimiento de línea francés que estaban como guardia personal de Elisa Bonaparte. Al entrar al palacio Pfanner nos encontramos con que ellos estaban en guarda en la entrada al jardín del palacio y a las escaleras de acceso al mismo. El Palacio Pfanner fue toda una sorpresa porque aunque pro fuera no dice nada por dentro es toda una maravilla y tiene un jardín impresionante. Al frente te da la bienvenida una fuente con estatuas y rodeada de setos llenos de rosas y demás flores. En un lateral del jardín una de las torres del palacio, resaltando sobre el cielo azul y al fondo junto a las murallas de Lucca la zona donde nos servirían el picnic. La lluvia que habían pronosticado los del tiempo brilló por su ausencia, y brillo es la palabra exacta para describir lo que hacía el sol ese día. Hacía un calor terrible, y teniendo en cuentas que las ropas napoleónicas de día no son precisamente lo ideal para altas temperaturas, las zonas de sombra del jardín estaban muy solicitadas. Al final acabamos colocadas en la fuente, para poder dejar al pequeño bajo la sombra de una de las estatuas y protegerlo del sol. Sin duda fue una tarde pasada bajo el sol de la toscana. Como la noche anterior había llovido tampoco el tumbarse en el césped nos atraía demasiado (lo que hubiera sido lo propio en el caso de un picnic) pero como la fuente y la zona de la comida estaban a travesando parte del jardín, nos entretuvimos yendo y viniendo a por comida. Y los turistas se entretuvieron fotografiándonos, creo que fuimos casi o tanto más fotografiados que el palacio. El jardín era bucólico, de estilo italiano y diseñado por un paisajista conocido de la época. Tras alimentarnos salimos del jardín para subir las escaleras exteriores para visitar el palacio, estas escaleras están diseñadas de una forma muy inteligente porque están abiertas con arcos al jardín, permitiendo una vista completa del mismo pero por otro lado están cubiertas por el techo del palacio por lo que se evita la lluvia. Como he dicho las recreaciones viajeras me gustan porque puedo disfrutar tanto de recrear otra época como de visitar lugares. El palacio por dentro conserva la cocina, las habitaciones con camas y tocador, los frescos, y otras obras de arte, nuevamente el palacio tiene las paredes y los techos cubiertos de preciosos frescos. No todo el interior del palacio está abierto al público pero lo que se puede ver compensa una visita a este precioso lugar de ensueño.

Visita: Mayo 2016

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jueves, junio 09, 2016

Prefectura, Palacio Ducale, Lucca - Italia

Apartamentos privados de Elisa Bonaparte, Prefectura de Lucca


Empezamos la mañana corriendo para llegar puntuales a la plaza Napoleone de Lucca donde nos íbamos a encontrar con el resto de recreadores para visitar la prefectura, el ayuntamiento, y los apartamentos privados de Elisa Bonaparte. En la plaza e incluso luego en la prefectura la gente del lugar y turistas pudieron hacernos fotos y preguntarnos de qué iba el evento, tras un rato en la plaza finalmente entramos en la prefectura que era el antiguo palacio ducal que se usa hoy en día como ayuntamiento. Muchas de las salas conservan la decoración con las pinturas originales pero están llenas de muebles y material moderno tales como archivadores. Realmente esta es una de las cosas que me gustan de las recreaciones viajeras, no el que me pregunten y me hagan fotos, sino ver lugares históricos aprovechando la recreación. Como decía, después de reunirnos en la plaza Napoleone entramos en el patio de la prefectura y subimos la gran escalera principal. Una vez arriba nos explicaron la historia del lugar y nos pidieron que, dada la cantidad de gente, nos dividiéramos en grupos, uno podía recorrer el pasillo y las habitaciones de un lado y otros las habitaciones del otro lado de la escalera. Una vez recibida la explicación histórica perdí de vista a mis amigas pero tampoco me importó porque así podía visitar las salas y no perderme nada de ver, mientras que a veces, en compañía, dejo de ver las cosas, y esta era una oportunidad única que no se puede dejar escapar. Eso no quiere decir que no estuviera bien con ellas, porque lo cierto es que la compañía en estas situaciones es mejor que ir sola, y más si es buena compañía, porque creo que somos bastantes afines. Las salas, como decía, estaban decoradas con pinturas del suelo al techo, recreando paisajes bucólicos y bosques, el pasillo estaba cubierto de esculturas griegas y había un precioso rincón pintado como un pequeño jardín y con más esculturas completando el paisaje. El resto de habitaciones estaban decoradas con cuadros, como el del Palazzo Tucci, y con muebles de la época, como una cama, espejos, mesas, tocador, etc. El lugar era muy bonito y estaba bien conservado, y quitando los espacios con mobiliario moderno y poniendo a toda la gente vestida de época parecía que habíamos viajado en el tiempo. No visitamos todo el palacio, solo la parte de los apartamentos privados de Elisa (con la cama, tocador, etc) y la parte de la prefectura (con el mobiliario moderno) pero por la noche volveríamos para el gran baile de Elisa Bonaparte y podría disfrutar de otras salas del palacio, que ciertamente por fuer ano dice nada pero por dentro es impresionante. Tras visitar el Palazzo nos fuimos a tomar algo de camino al Palazzo Pfanner donde teníamos el picnic- comida esperándonos.

Visita: Mayo 2016

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miércoles, junio 08, 2016

Palazzo Tucci, Lucca - Italia

Baile en el Palazzo Tucci - Lucca

Empezamos la tarde del viernes preparándonos para la clase de baile en el Palazzo Tucci. Antes de la clase fuimos a descubrir donde se encontraba el palacio porque entre tantas callejuelas de Lucca es fácil perderse y vestidas de época napoleónica no es la mejor manera de pararse a preguntar o mirar un mapa. Aunque íbamos cinco nos separaron en dos grupos, unas al primero, porque iban con el pequeño hijo de una de las cinco y que dadas las horas que tiene un bebe no podía quedarse despierto hasta muy tarde, y el resto fuimos al segundo grupo. Fue necesario poner dos grupos porque éramos mucha gente para bailar en el salón del palacio Tucci. En el primer grupo había principalmente ingleses, malteses y rusos, y en el segundo grupo principalmente italianos y españoles. En el palacio hay habitaciones donde alojarse y una de mis amigas había alquilado los trajes y la persona que se los iba a dar estaba alojada en el palacio así que me preparé para el baile, con mi cinta con plumas rojas y blancas a estrenar. Acompañamos a las amigas al primer grupo, iban con retraso y se habían perdido, y como nosotras ya habíamos mirado el camino las guiamos hasta la entrada del palacio donde nos encontramos con una pareja rusa encantadora que conocí en la isla de Elba durante el bicentenario de la expulsión de Napoleón. Para entrar al palacio había que tocar al timbre para que abrieran las verjas por lo que sin haber estado antes es confuso saber que ese es el palacio, como decía en mi entrada sobre Lucca, el exterior de los palacios no hace suponer que sean palacios. En el interior nos encontramos con un patio central con adornos florales que lleva a unas escaleras para subir a las salas del palacio. Una vez arriba se comprende por qué es un palacio, las salas estaban todas decoradas con pinturas, tanto las paredes como los techos, también había espejos y lámparas estilo palaciego. La sala principal del palacio tenía dos grandes pinturas de estilo greco-romano y las amplias puertas del mismo daban lugar a pequeños salones decorados con diversos colores que dan a una gran sala con varias puertas, estas puertas son las habitaciones, también con grandes pinturas como el resto del palacio y una cama con columnas como de época. La gran sala da al balcón del palacio, un buen lugar para disfrutar del aire fresco una vez estuvieras muy acalorado por el baile, porque realmente los bailes de la época napoleónica con tanto giro y vueltas con intercambio de parejas al final da mucho calor y el abanico es un instrumento necesario. En el primer baile fui algo reticente a salir a bailar pese a la petición de un caballero italiano, y eso fue porque esperaba que mi amiga se uniera al baile, pero como no parecía ni siquiera interesada en tomar fotografías, en el siguiente baile me acerqué a la zona de las damas y acepté la siguiente petición a bailar. El baile “La Marquise” era el más sencillo de todos, ya lo había bailado en Elba por lo que aunque soy bastante torpe no necesito ayuda de un maestro de baile en este caso, pero mi pareja era un poco más torpe que yo porque en uno de los giros en vez de tomar mi mano para girar tomó la de otro caballero. Una situación en la que uno no sabe si seguir adelante o pararse. Aun así fue un placer poder bailar, aunque fue mi primer y último baile dado que hice compañía a mi amiga y dentro de la habitación de la encargada de darle los vestidos me perdí toda la clase de baile. Es cierto que fue decisión mía no abandonar a una amiga y quedarme con ella en vez de irme a disfrutar del baile pero no me sentiría bien conmigo misma si dejaba a mi amiga sola. Aunque eso no quiere decir que esta recreación empezara con mal pie y terminara peor, pero eso es otra historia. Una vez conseguimos todos los trajes ya casi había terminado el baile y para terminar el día llovía, y no llovía un poquito sino que llovía con fuerza. Mi amiga se fue sin paraguas hasta el apartamento a buscar un paraguas para los trajes y para mí, que con ropa de la época napoleónica no es la mejor manera de correr bajo la lluvia. Solo trajo un paraguas por lo que a la vuelta nos mojamos un poco, pero nada en comparación con lo que me hubiera mojado sin el paraguas, porque de camino al apartamento empezó a llover cada vez más fuerte hasta que parecía que caía el diluvio universal. Además, justo cuando teníamos el paraguas e íbamos a marcharnos una mujer se empeñó en preguntarnos por una calle, por más que le decíamos que no éramos de ahí, que no insistiera, que ni entendíamos italiano. Los bajos de los vestidos de muselina blanca acabaron marrones, por mucho que uno se lo suba hasta las rodillas intentado no mojarse con los charcos, y los zapatos estuvieron empapados durante un día entero. En la época napoleónica no iban vestidos para el diluvio universal.

Visita: Mayo 2016

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martes, junio 07, 2016

Lucca - Italia

Lucca


El viaje a Italia de este año no fue como los esperado o lo planeado en ninguno de los aspectos, pero podría haber sido peor. Pese a los pronósticos de lluvia esta solo apareció de noche o cuando estábamos en un autobús en ruta o comiendo, por lo que en cuanto al tiempo puedo decir que fuimos afortunada. Al viaje no fui sola, sino con unas amigas, pero no con las amigas extremeñas con las que suelo viajar, y como ya he dicho en alguna otra ocasión, a veces con los amigos puedes hacer muchas cosas pero no viajar. Borrando los malos recuerdos he de centrarme en Lucca, que es un lugar precioso para visitar. Llegar a Lucca es fácil, desde el aeropuerto de Florencia o Pisa hay trenes cada poco tiempo. Nosotras viajamos desde Pisa porque está mucho más cerca y ya que teníamos que ir a Madrid a coger el vuelo lo mismo os daba Florencia que Pisa, y puesto a elegir, mejor el lugar más cercano. Normalmente hay un tren en el aeropuerto de Pisa, por desgracia el viaje estaba abocado al fracaso porque meses después de haber cogido el vuelo decidieron cerrar la estación pro reforma y pusieron un bus. No habría mucho problema sino fuera porque la cola para comprar los billetes del autobús del aeropuerto a la estación del tren nos llevó una hora. Además, mis compañeras de viaje se fueron al baño antes de salir las maletas (yo recogí las tres maletas) así que fuimos las ultimas de nuestro vuelo en ir a hacer la cola de la entradas (mientras hacíamos cola yo aproveche para ir al baño, gajes de los viajes, saber cando hacer las parada técnicas para aprovechar el tiempo). A esta espera le añadimos otra hora de retraso en salir del aeropuerto de Madrid, tenemos dos horas perdidas en colas. Quitando esto el resto del trayecto fue rodado, del autobús a la estación, cogimos los billetes de ida y de vuelta, cogimos el tren de Pisa a Lucca, llegamos a Lucca y cruzamos las murallas hasta llegar a nuestro apartamento en un antiguo palacio en el centro fortificado de la ciudad. Tenía previsto ver Lucca nada más llegar pero acabamos tan agotadas y sin comer que fue dejar las maletas, ir al supermercado, comprar algo de comida y comer a las cinco y pico de la tarde, y sin darnos cuenta se hizo de noche y nosotras sin haber dormido al noche anterior porque cogimos el bus a Madrid a las tres de la madrugada. En fin, que no teníamos el cuerpo para visitar nada, lo único que vimos fue la puerta de San Pedro, que atravesamos para entrar en el recinto amurallado de la ciudad, el patio del palacio donde nos alojábamos, y la torre Giuginni que estaba junto al supermercado más cercano. Así que en vez de aprovechar el día de llegada usamos el día siguiente para ver Lucca. Lucca puede parecer pequeño, pero no lo es, además su casco histórico es de estilo medieval y las callejuelas están hechas para que te pierdas al recorrerlas. Por la mañana empezamos la visita con una parte de las murallas de la ciudad de Lucca, las murallas están bastante bien conservadas y te puede llevar unas cuantas horas recorrer todos los bastiones y puertas, tiene una buena vista de las torres de la ciudad y un parque botánico pequeño pero bonito, aunque por mi alergia lo vi de lejos. Caminamos hasta la puerta de San Pedro y otro día caminamos hasta la puerta de Santa María, diferentes pero interesantes. Para visitar Lucca hay que callejear por el interior de su muralla, pues en cada casa o rincón se pueden encontrar murales de pinturas en las paredes o edificios palaciegos con detalles renacentistas. Vimos por fuera el Duomo o catedral de San Martin, la iglesia de San Miguel, la casa natal de Puccini, y en la plaza de al lado, donde está la estatua de Puccini un grupo de ingleses cantando a Puccini. También vimos la iglesia de San Giovanni, la plaza del anfiteatro, la plaza del mercado, la torre del reloj, y la torre Guigini que tiene un jardín en lo alto. Por desgracia no pude subir a la torre Guigini, pero Lucca es un lugar precioso, lleno de rincones encantadores. También vimos el palacio ducal, el palacio Tucci, y el palacio Pfanner, que por fuera no parecen palacios que llamen la atención pero durante la recreación pudimos visitarlos por dentro y son hermosos, sus pinturas, sus esculturas te muestran la belleza de los palacios italianos. Podría detenerme en cada rincón de Lucca que visitamos pero como he dicho es un laberinto de callejuelas, donde no hay una mercado hay una plaza con restaurantes o cafés, rincones por donde pasear y ver diferentes iglesias y palacios, es Italia, es un sin fin de arte en la misma ciudad. Además, toda la ciudad está decorada con flores y cada rincón es una obra de arte italiana. Es decir, Lucca fue todo un descubrimiento, pero ¿qué parte de la toscana italiana no lo es?.

Visita: Mayo 2016

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lunes, junio 30, 2014

Florencia - Italia

Florencia 

El último día en Italia tenía dos opciones, quedarme un ratio más en Portoferraio antes de coger el tren a Florencia o madrugar, coger el primer tren a Florencia, y pasar el día por Florencia. Ya había estado en Florencia pero hace años de la última vez, así que madrugué, cogí un ferry anterior al del billete (coger el billete del ferry por internet te permite, sin necesidad de hacer cambios de billete, coger un ferry anterior al de la hora escogida). Llegué con tiempo sobrante para esperar la salida del tren de Piombino Maritina a Florencia, así que abrí la maleta y saqué una chaqueta, llevaba una chaqueta muy fina de verano, por el calor pasado todos esos días, pero en el ferry con el aire acondicionado había acabado congelada, así que por si acaso cogí otra un poquito menos fina. Cogí asiento en el tren que poco a poco se fue llenando, en cada parada subía más gente y al final acabe en un vagón rodeada de alemanes, cuantísimo alemán que había, parecía que estaba en Alemania en vez de Italia. El tren llegó a llenarse y ya la gente no cabía sentada (los regionales ahí son como en Suiza, Holanda, etc, sin asiento reservado por lo que si llegas y está todo completo te pasas el trayecto de pie). Para variar unos indios me preguntaron por la parada que tenían que tomar, (es lo que pasa cuando una viaja con apariencia confiada, de no ser así no entiendo por qué siempre me preguntan a mí), menos mal que iban al centro de Florencia y la última parada del tren, en Santa Maria la Novella era donde me bajaba yo y que está justo al lado del centro histórico de la ciudad, así que fue una pregunta fácil. Cuando baje del tren fui directa a dejar las maletas en la consigna (la consigna de la estación está muy mal señalizada, yo sabía donde era porque busque en internet y vi que era pasado el andén 16), cuando regresé cinco horas después estaban poniendo unos carteles señalizadores para llegar a la consigna, parecía que me habían leído la mente. En todo caso, por si acaso desaparecen los carteles, la consigna es pasado el andén 16. El tren llego con retraso a eso de la una menos cuarto, teniendo en cuenta que había salido a las nueve de la mañana (el tren) pues ya tenía ganas de andar. El día era caluroso pero se estropeo a mitad de tarde, que empezó a soplar un viento fuerte y puede hacer uso de mi segunda chaqueta la que sabiamente había cogido de la maleta en la estación de Piombino Marítima. Mientras esperaba cruzar de la estación a la iglesia de Santa Maria la Novella (de donde toma nombre la estación) un turista me pregunto por un hotel que no conocía, le dije que no sabía pero insistía e insistía así que al final de mal tono le dije que yo también era turista y que no sabía, intento ayudar siempre (aunque yo también sea turista, y creo que alguna vez ya lo eh comentado) pero si digo cuatro veces que no lo sé es que no lo sé. En fin, que no sé si se me agrió la cara pero en todo el día ya nadie me preguntó nada más. Tras visitar la iglesia de Santa Maria la Novella y pasear por la plaza me dirigí hacia el Doumo, ahí al lado. Mientras me acercaba me dí cuenta que apenas había fila para entrar dentro y, dado que la vez anterior había tanta gente y yo tenía tan poco tiempo (y no pude entrar), no iba a desaprovechar la oportunidad, con más razón siendo que no había que pagar entrada. Así que en un visto y no visto entré a la catedral, que me defraudó un poco porque con lo maravillosa que es por fuera, con esos mármoles de colores: blanco, verde y rosa, por dentro yo esperaba algo como lo que encontré en Siena, y va a ser que no, nada más lejos de la realidad. Afortunadamente al fondo, donde más gente se congregaba, estaba el techo de la cúpula (la fila para entrar a la cúpula sí que era interminable) y las pinturas que lo adornaban valían la pena las filas que se formaban usualmente para ver la catedral. Me quedé un buen rato intentando quedarme con todos los detalles de las pinturas, cuando salí fuera, observe la fila para el Campanile (el campanario antiguamente se construía aparte de la iglesia) y decidí dar un rodeo a la catedral. El duomo tenía unos cuantos andamios que hicieron un estruendo tremendo cuando alguno se cayó por al fuerza del aire. Me dirigí de aquí al Bargello y de ahí al Palazzo vecchio, no había mucha gente entrando al museo y (como tampoco había entrado la vez anterior) aproveché la ocasión, disfrutando de las pinturas y esculturas del lugar. En la plaza había mucha gente fotografiando la puerta del Palazzo y muchas más gente fotografiando las esculturas, impresionantes, que seguían tal y como las recordaba. Hay algunas cosas que afortunadamente no cambian con el tiempo. Tras pasar la galería degli uffizi me acerqué al puente Vecchio. Primero me dirigí por la orilla del río hacia el puente santa trinidad, para poder fotografiar el puente vicchio, y luego acercarme del otro lado hasta el puente, cruzarlo, hacerme una segunda foto en sus arcos, los que dan a la galería (la primera fue la primera vez que estuve ahí) y luego seguir hasta el mercado. Pero antes me paré para darme un capricho, un goffre con chocolate, que caro es Italia pero que rico está el dulce, ya sea helado o gofres. Con un goffre en la mano y la cámara en la otra me acerqué al jabalí del mercado, con el hocico dorado por los continuos roces de los turistas. Había una familia de andaluces mientras hacia la foto. Tocando el hocico ya tenía una foto de la primera vez, así que esta vez con el animal solo me bastaba. Luego regresé, descansé un rato antes de pararme a comer, recuperar mis maletas, y en la misma estación de Santa Maria la Novella coger el autobús al aeropuerto, y llegar al aeropuerto bien de tiempo para descubrir que se había retraso el vuelo (el único retraso de todos los vuelos del aeropuerto), que mala suerte, aunque luego me entere que el vuelo de Pisa a Madrid se retrasó 6 horas, así que mi par de horas de retraso de Florencia a Barcelona no fueron nada, y como no hay autobuses por la noche desde Barcelona a Zaragoza (creo que ya hable de lo mal comunicada que estaba Barcelona) pues ya tenía pensado hacer noche en Barcelona, así que no me preocupó mucho el retraso.

Visita: Junio 2014

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domingo, junio 29, 2014

La Grace en la Isla de Elba - Italia

La Grace

Me gusta ver los veleros de época todos con sus muebles y demás artilugios de la época por todos los que he visto han sido museos varados en el muelle, no había llegado a zarpar con ninguno, y realmente no es lo mismo ver un velero de la época y recorrerlo de arriba abajo parado en el puerto que en movimiento sobre el mar. Había tres horas para zarpar porque éramos muchos, en principio yo iba a las tres, que hizo viento (a las cinco llovió) pero al final como las italiana no fueron subí a las 11 con el resto de españolas (por ir con ellas) y a esa hora no tuvimos viento, cuando llegamos a alta mar abrieron las velas del velero pero apenas sopló una brisa, y no pudimos disfrutar del viento en la cara mientras el velero navegaba en aguas calmas, aun así subir al velero, recorrerlo de proa a popa, ver Portoferraio alejarse poco a poco (con la mejor vista de la isla que es desde el mar), ver el timón moverse en manos del capitán, hacer una visita guiada al interior del barco, con una explicación de los instrumentos de navegación inglesa de la época, que como cada hora anotaban de todo con razón eran los señores del mar en esa época. Luego también había un científico a bordo, puro estilo Darwin, y un par de niños subiendo por los mástiles descalzos. También dispararon el cañón (aunque no estaba en el mejor ángulo), y lucharon con espada sobre cubierta. Explicaron usándolas, el manejo de las velas, y aunque no lo hicieron en nuestro paseo, en otros algunos pudieron subirse a lo alto de los mástiles. Para bajar necesitamos ayuda de los marineros pues tanta ropa no ayuda en nada (hasta para entrar a las cabinas vamos golpeándonos con los sombreros). Y cuando comenzaron a bajar mis compañeras españolas los marineros empezaron a cantarnos el “spanish lady”, la canción marinera de cuando los ingleses ordenador a su ejército a volver a Inglaterra, tras la derrota de Napoleón, dejando atrás a mujeres, niños y amantes españolas (excepto oficiales de más rango).

Visita: Junio 2014

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sábado, junio 28, 2014

Palazzina dei Mullini, Isla de Elba - Italia

Palazzina dei Mullini, Portoferraio

Por la tarde en Portoferraio había un par de recreaciones civiles, cabe destacar lo de civiles dado que en España suele haber mucha recreación militar. Por un lado llegaba a puerto el velero La Grace, un brig inglés de mil setecientos y pico con la tripulación vestida de época para desembarcar un número de marineros que luego, antes del bale el capitán haría un intento de conseguir más tripulación ofreciendo aventuras y descubrimientos de nuevas tierra sy tesoros, pero eso es más tarde, ahora, al desembarcar también algunos re-creacionistas podían subir a bordo para dormir en el velero. Nosotras vimos el desembarco desde la sombra del arco de entrada a la ciudad, llevábamos un día demasiado caluroso. Tras un rato decidimos empezar a subir hasta el Palacio de Mullini, la residencia de Napoleón en Portoferraio, para ver la otra recreación: la de como Paulina Bonaparte se prepara para el gran baile en el palacio. Tal vez como era fin de semana encontré muchos más turistas que el primer día. Visitamos el palacio que ahora es el museo Demidoff, con los muebles de la época de Napoleón y su tienda de campaña expuesta en una de las habitaciones. Como estábamos tan acaloradas (con tanta ropa es normal) nos pegamos a las ventanas de la segunda planta antes de que comenzara la recreación. Desde las ventanas del palacio hay una vista del patio del palacio, con sus paseos, jardines y el mar en el frente. Disfrutamos con el resto de turistas de gran parte de la recreación de la preparación de Paulina Bonaparte y también de la música al arpa que la acompañaba. Pero nos tuvimos que ir antes de verlo terminar porque había que llegar al hotel, cambiarse, refrescarse y volver a cambiarse para el baile en el palacio. Así que bajamos, recorrimos la otra parte del palacio que no habíamos visto, de ahí se sale al jardín donde ya estaban preparando las mesas con los candelabros y las velas. El jardín tiene una vista espectacular del mar, el faro y el fuerte Stella. Lo cierto es que es el mejor lugar de la isla para hacer un palacio, sin duda alguna las vistas así lo demuestran, lo que implica que Napoleón y familia no eran tontos. Como comentaba frente al palacio, que sin recreación vale la pena visitarlo, se formó la tripulación del velero con su pequeña recreación hasta que llegó la hora de entrar al baile. No solo en la recreación del baile pudimos volver a ver las salas del museo (un detalle por parte del museo dejarnos todo el palacio), también hubo música de arpa, y comida Georgina magníficamente expuesta. La comida georgiana tenía las figuras de animales, edificios, plantas, pero todo se comía, sabía delicioso y tenía un aspecto perfecto, en esta cena todas las recetas fueron de Careme, Glasse, y Raffald, tomada de los originales. La estructura se basa en una Careme que hizo para Napoleón. Una cena puramente histórica. Lo único es que no pude hacer ni por la tarde ni por la noche fue pasear por el jardín del palacio porque comenzó una tormenta y no dejó de llover, cada vez más fuerte, para salir todos tuvimos que hacer turnos para tomar un taxi porque el lugar no es tan grande para tener tantos taxis, el que nos cogió a nosotros era el cuarto viaje que hacía, sin duda hicieron el agosto con la tormenta de lluvia y viento que tuvimos. Realmente el patio del palacio y sus vistas valen tanto como el museo de su interior, por fuera puede que no llame mucho la atención pero vale la pena visitarlo, haya o no haya recreaciones es un lugar que no perderse en Portoferraio.

Visita: Junio 2014

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viernes, junio 27, 2014

Villa San Martino, Isla de Elba - Italia

Villa San Martino - Napoleon’s Summer Residence

Una de las visitas obligadas de la Isla de Elba es la residencia de verano de Napoleón; la Villa San Martina. Como fuimos a visitarla como parte del evento empezamos la mañana con trajes de la época napoleónica. Esto es muy resaltable porque con el calor que hacía a las 9 de la mañana justo antes de llegar a la villa ya estaba sudando a mares. El único problema de la isla fue le calor húmedo que hacía, dado que me cansaba el triple y con tanta ropa aún lo pasaba peor. La villa no estaba muy lejos de Portoferraio y es fácil llegar. Antes de entrar en la villa, mientras se sube por la cuesta de entrada hay a la derecha un edificio de color rojizo al estilo de un palacio más moderno, no llegué a saber que era el edificio dado que no estaba abierto. Una verja con las águilas símbolo del emperador da acceso a la entrada de la villa de Napoleón. En el frente de la verja está la villa, muy del estilo sobrio, alargada, con la N de Napoleón presente. En el interior del edificio principal no queda nada pero hay una exposición sobre Napoleón aprovechando el bicentenario de la estancia del mismo en la isla. Lo más interesante del interior son los techos y los grandes ventanales. Por uno de los caminos cercanos aparte de pasear por la villa se puede subir a un balcón superior con el águila de Napoleón en el centro donde se obtiene una precisa vista del mar al fondo y de las montañas de la isla. Tras el patio y el balcón hay una pequeña casita, nada significativo en el exterior pero el interior conserva en todas las habitaciones los muebles y las pinturas de la época napoleónica, más que los muebles lo más resaltable son las pinturas que adornan las habitaciones; las abejas, las águilas, las cortinas dibujadas en las paredes y sobre todo el salón, que muestra un aire egipcio, con pinturas de camellos, tonos dorados y una esfinge, nada que ver con la esfinge de El Cario pero entendemos que el pintor no había estado y pintó lo que buenamente entendió que era la forma de la esfinge. También curioso cómo se pintó una puerta idéntica a la puerta que da al salón para que pareciera más grande y con más salidas. Excepto por el calor un paseo por los jardines de la villa también es muy recomendable. Nosotras fuimos directas al bar a hidratarnos, demasiada ropa la que llevaban en la época napoleónica. Tras salir de la Villa al inicio íbamos a ir al picnic en la villa romana de La Grotte pero al final fuimos a otro sitio, lo que comprendo dado que según vi por internet tanto la villa romana como el castillo están en rehabilitación, lo que es una pena. De camino a la villa donde haríamos el picnic pudimos ver en lo alto de la montaña las ruinas del castillo y la villa nos ofreció también una buena vista del mar desde las viñas. El picnic fue a la sobre sobre mantas en la hierba, así que una vez me senté ya no me levanté ni para hacer fotos, con el calor que había pasado no me valía la pena, eso sí, estaba vez aprendimos la lección y fuimos las primeras en acercarnos a las mesas de la comida, que desapareció con mucha rapidez.

Visita: Junio 2014

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jueves, junio 26, 2014

Portoferraio Napoleonico, Isla de Elba - Italia

Portoferraio Napoleonico

Tras salir del teatro, y todos con ropa de la época napoleonica, nos dirigimos hacia la Enoteca della Fortaleza, localizada en las murallas Medici. Aquí aprendí que si se quiere comer hay que dejar las fotos y las contemplaciones para el final. Lo que pasó es que tras recorrer el camino a pie desde el teatro hasta la enoteca la terraza ofrecía unas vistas tan bonitas que no pude evitar quedarme contemplando las vistas y haciendo fotos, por supuesto. Claro que debido a esto la gente entró, hizo fila y arrasó con la comida. Cuando entramos dentro yo no tenía ni hambre pero estaba deshidratada (no sé si había comentado que hacía mucho calor y mucha humedad, y añadido a las capas de ropa de época era una combinación letal). Pero como había que hacer fila aunque no se quisiera coger nada de lo que había ahí (no era como un buffet que pasas de lo que no quieres y vas directamente a lo que te interesa) pues aún tuve que hacer una larga fila hasta conseguir una botella de agua y que nos bebimos enterita. No pedimos que nos llenara un vaso, no, pedimos la botella entera. Pese a el tema de la comida, que ni la catamos (unos trocitos de pan comí yo) el lugar era perfecto, la Enoteca estaba construida dentro de las murallas, y en la parte de la entrada se estaba fresquito (no así al final donde había hecho una cristalera, que si bien tenia vistas al mar se cargaba el frescor de la roca). Luego en el jardín de entrada a las murallas era donde mejor se estaba, faltaron sitios para sentarse pero éramos muchos, aún así, una bebida fresquita junto a las murallas con la vista del pueblo, las montañas y el mar mientras anochecía valían la pena. Tras la cena nos pusimos en camino hacia la Plaza Laugier, que como el pueblo está todo en cuesta la plaza en cuestión está sobre un edificio. En la plaza ya estaba el grupo de baile el Atelier de dance di Firenze mostrando al público algunos de los bailes de la época napoleónica o regencia si lo llamamos al estilo inglés. Así como también había un par de recreacioncitas de Elba. Dejamos todos los bártulos (sí que iban cargados en aquella época) y nos pusimos a bailar, no baile todos los bailes, por una parte por descansar, por otra porque no todos me los sabía bien y, aunque Donal Francis siempre hacia una presentación del baile antes de poner la música para así recordar los pasos (realmente era muy buen maestro porque con el día anterior ya se nos habían quedado algunos pasos y además había estructurado muy bien el orden de los bailes), aún había algún que otro baile complicado. El primero en teoría es fácil y cada cinco pasos se perdían las parejas (había que cambiar de pareja y siempre se quedaba gente colgada sin pareja, lo que siendo pares es algo difícil, pero pasaba mucho). Y finalmente porque iba sola y es muy difícil encontrar pareja con la que bailar. Aún así baile unos cuantos bailes, estuve sentada viendo bailar, entre al edificio (que ahora no recuerdo bien que era aparte de biblioteca, que tenía un parte muy español con arcos blancos y un pozo en el centro, bebí mucha agua (el único defecto de la isla, el calor que pasé, si no hubiera hecho tanto calor hubiera visto más cosas seguro). Y al finalizar el baile marchamos hacia la playa La Viste, de noche no se ve nada por lo que si quieres matarte de camino (cuesta arriba y luego cuesta abajo) lo mejor e ir de noche ahí. Dio la casualidad que había una despedida de soltera así que el bar estaba lleno de gente y la novia se quería tomar fotos que nosotras. Y la playa estaba desierta, hubo algunos valientes que se metieron al mar, el agua tenía buena pinta pero las playas de piedras te dejan los pies destrozados, yo no conseguí estar más de un segundo sin calzado en la playa. Así que así di por terminado el día (no sé qué hora de la madrugada serían y además había que subir la cuesta desde la playa hasta casi lo más alto del pueblo para luego bajar otra vez).

Visita: Junio 2014

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Información para viajar: Jane Austen Society Florence

miércoles, junio 25, 2014

Teatro dei Vigilanti, Isla de Elba - Italia

Teatro dei Vigilanti, Portoferraio

Este era el primer evento de este tipo al que iba, pero me he enamorado, porque combina dos cosas que me gustan; viajar y conocer la historia y los lugares de a dónde voy y la recreación histórica (aunque en ocasiones nos tomamos un poco de libertad). Había estado mirando y para esa época al teatro se iba con mantilla, no solo en España también en Francia, pero que sorpresa cuando era la única con mantilla, pero al menos las otras españolas también resaltaban, dos con trajes más vivos que le blanco y los pasteles, porque en 1814 empezaban a entrar con fuerza otros colores, y otra con una chaqueta goyesca, así que perfecto. Nos empezamos a congregar en plaza del teatro que tiene una vista maravillosa de Portoferraio desde lo alto, y luego fuimos entrando y saludando a Margarita, la responsable de todos los eventos. Lo cierto es que la velada en el teatro dei vigilante en Portoferraio me encantó. No solo pude ver el teatro por dentro, que es mucho más encantador que por fuera, que parece poca cosa y muy moderno, sino que disfrute del teatro, la soprano y el arpa que la acompañaba. Además aprendí mucho sobre cómo era el teatro en esa época, que se hacía en los palcos, lo que estaba mal visto, lo que no (y la recreación de algunos actos como beber alcohol – el susodicho palco se llenó de visitantes- entre otras). También se dejó claro que al teatro se iba mucho para ver y ser visto (no cambiamos con el tiempo). Y además de todo esto ver el teatro con todos vestidos de época napoleónica, y con la recreadora de Paolina Bonaparte en el palco de honor, le daba un toque completamente distinto. Además tuve la fortuna de acompañar a Charo de Cuaderno de costura 2.0 y Eva, que iban tan bien vestidas de 1814 que les dieron un palco para ellas, y yo me acoplé.

Visita: Junio 2014

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martes, junio 24, 2014

Porto Azurro, Isla de Elba - Italia

Porto Azurro 

El calor empieza pronto en la Isla de Elba, pero a primera hora apenas hay gente en la calle, dado que la noche, que es más fresca, invita a disfrutar de la isla. Al siguiente día tenía muchas opciones, dado que hay muchos lugares que visitar en la isla. Lástima que el calor y el tiempo no me dieran para ver todo lo previsto. Para pasar la mañana al final me decidí por visitar Porto Azurro. Esta población era una ciudad española, y tiene una ermita llamada de Montserrat, con una virgen negra. Después de desayunar, bastante más tarde lo habitual (tenía que recuperarme del día anterior, que menudo viajecito) salí con dirección a la estación de autobuses, que está pasado el puerto marítimo de Portoferraio. Compré un billete de ida y vuelta a Porto Azurro y esperé a la hora, en la que puntualmente llegó el autobús. En teoría cogiéndolo a las 10 de la mañana (el anterior era a las nueve y no llegué a tiempo) a las 10.45 llega a Porto Azurro, y así fué. El autobús de ida paraba en Capoliveri lo que significa que, aparte de las vistas de la costa que se obtienen en el trayecto de autobús, también se tienen las vistas del pueblo, en lo alto de la montaña, y luego la bajada desde la montaña hasta la costa para llegar a Porto Azurro. Es recomendable coger el autobus que para en Capoliveri, porque aunque tarde más el recorrido te permite disfrutar de unas magnificas vistas de la isla que sin parada en ese lugar no se obtienen. Porto Azurro tiene playas también de piedras pero con un poquito más de arena, así que estas estaban abarrotadas de gente.  El autobus te deja en el centro del pueblo, asi que dí un paseo por el centro del pueblo, con rincones bonitos de flores y banderas con las tres abejas, la iglesia, con sus vigas de madera, sus puertas decoradas y sus libros de cantos. Bastantes tiendas con joyas minerales y corales. Aquí compre un collar y complementos de coral rojo, tan típico de 1814 y de la zona del Mediterráneo. Y el puerto marítimo que te lleva a la montaña cuyo camino sube hasta la ermita de Montserrat, dado el horario que llevaba cuando alcancé el camino no tenía tiempo suficiente para subir hasta la ermita si quería volver a Portoferraio con tiempo para cambiarme de ropa (por la tarde comenzaba con el primer evento) así que subí una parte, lo suficiente para disfrutar de las vistas de un fuerte al otro lado de la costa de la isla (no sé qué población es) y los veleros y calas tan típicos del Mediterráneo, tan usuales en las postales. El pueblo con más para visitar es Portoferraio, pero aunque más pequñito Porto Azurro es my bonito. Tras comer junto al mar, y así descansar del calor (no había sudado tanto desde Malasia), cogí el bus de regreso (puntual en su hora). Este no pasó por Capoliveri, por lo que llegué antes a Portoferraio, perfecto para comprar mucha agua (estaba a un paso de deshidratarme) y tener tiempo para cambiarme de ropa, que como ya diré, la ropa de 1810 no estaba hecha para que se la pusiera una persona sola.
Visita: Junio 2014

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Información para viajar: Bus por la Isla de Elba

lunes, junio 23, 2014

Portoferraio, Isla de Elba - Italia

Portoferraio

Después de mucho investigar y por cuestiones económicas para llegar a la Isla de Elba cogi un vuelo de Barcelona a Florencia. Ciertamente debería haber pagado más por un vuelo desde Madrid a Pisa, al final me hubiera compensado. Después de coger el vuelo encontré el primer problema, se me había olvidado que a Barcelona no es como a Madrid y que no tengo transporte cada hora y que pasadas las once y media de la noche ya no hay forma de ir a Zaragoza, así que a mi regreso tendría que hacer noche en Barcelona y a la ida, bueno, la id iba bien hasta que me toco la huelga de taxis. En Zaragoza no hubo huelga pero en Barcelona a esas horas de la noche no había ni un solo taxi en la calle, por suerte desde la Estación Nord conseguí coger el autobús nocturno número 4 que me dejo en la plaza Cataluña donde cogí el N17 que va al aeropuerto. Lógicamente al ser único transporte existente a las 12 de la noche en Barcelona íbamos más apretados que en una lata de sardinas, todos sentados sobre nuestras maletas, estas a su vez sobre los asientos para que entrar más gente. La ultima doce de paradas la gente entro por la puesta trasera de puntillas y a gatas porque no había otra forma de entrar. En fin, la cuestión es que llegue a tiempo al aeropuerto pese al susto que no me dejó dormir en el autobús pensando si me daría tiempo de coger el vuelo. Tras llegar a Florencia cogí, fácilmente, el bus hasta la ciudad cuya parada es la estación de Santa María la Novella que está justo en el centro y al lado del casco histórico y como tenía que coger el tren me iba perfecto. Como ya me había informado fui directa a las maquinas verde para sacar el billete de tren regional a Piombino Maritima, a esa hora tenía que hacer transbordo en Pisa, pero bueno, me manejo mejor viajando en tren que en autobús (a las 10 sale un único autobús de Florencia a Piombino Maritima). Tras llegar a Pisa comí con tranquilidad y luego cogí el tren a Piombino Maritima, por supuesto la gente, incluso un par de italianos me preguntaron si ese era el tren a Piombino, siempre me pasa igual cuando viajo pero como estaba segura les conteste afirmativamente, al fin y al cabo aunque era mi primera vez lo del tren lo manejo bien. Tras dos horas y media de recorrido, más o menos, parando en todos los pueblecitos costeros (desde algunas estaciones se veía el mar) llegue a Piombino marítima. Aquí ya había cogí el ferry pero si giras a la derecha nada más salir de la estación, de esa forma llegas a la terminal de ferris donde comprar el billete de ferry. Tenía todavía una hora hasta mi ferry pero la compra por internet me permitía coger un ferry anterior así que eso hice y cogí el primer ferry que salía para Portoferraio. Lo que me mató es que el ferry era para coches y pasajeros (el de solo pasajeros es algo más caro) y hay que subir escaleras. Tras tantas horas de viaje y habiendo solo dormido dos horas en el tren (en el vuelo y el bus no conseguí dormir nada del estrés por la huelga dichosa…) pues me costó un poco la subida. Dejando a un lado el aire acondicionado del ferrry. Salí, con maletas incluidas, a la zona superior para poder ver el trayecto al aire libre. El mar azul, los veleros, las gaviotas, los montes y sobre todo la vista de Portoferraio y sus fuertes a medida que vas llegando es una vista que uno no puede dejar de ver, aunque sea por los cristales. Es el punto positivo de viajar a pie en ferry a la isla. Tras una parada en el hotel Salí a visitar Portoferraio. Excepto el ultimo día pase muchísimo calor, el problema es que era un calor húmedo de este que te hace sudar y sudar y sudar, y seguir sudando. Desde Malasia no sudaba tanto. Aún así valía la pena porque con el sol la isla se veía preciosa rodeada por el mar azul cristalino. ¿Quién necesita dormir con una vista semejante?. Al llegar Portoferraio con sus murallas y sus calles en cuestas me recordó a otras islas, como Malta, por ejemplo. En este día me dio para visitar la iglesia de la Misericordia (su museo estaba cerrado), que me llamó la atención porque aunque por fuera no resalta ninguna de sus iglesias por dentro estaba cuidadosamente decorada con lámparas y pinturas como si un palacio se tratase. Luego visite la iglesia de al lado, también muy bonita, y de aquí subi hacia la villa de Mullini, residencia de Napoleon cuando estuvo en la isla, y ahora un museo. Este si estaba abierto aunque entré otro día a verlo. Desde ahí arriba se tienen vistas del faro y el fuerte Stella y de la otra fortaleza. Antes de llegar a la otra fortaleza se tiene buena vista de la playa La Viste, que aunque es de piedra tienen un agua clara de hermosos tonos azules. Tras dejar la cala, en vez de bajar a La Viste, seguí subiendo hasta llegar a la puerta de la fortaleza (que encontré cerrada) pero continuando el camino entre las casas hay una vista de toda la isla y el pueblo; con el puerto cerrado, los veleros, el fuerte del otro lado, el faro,… en fin, una vista de postal. Volviendo atrás me acerqué al otro fuerte, que también estaba cerrado, y seguí bajando hasta llegar al puerto y así acercarme al museo romano de Linguella, que resulta que los jueves también está cerrado (que suerte tuve). Tras pasear por el puerto marítimo y disfrutar de un rico helado italiano subí hasta la plaza donde está el duomo (la catedral) que en comparación con las otras iglesias está muy vacía por dentro, pero conserva sus techos de madera. Del otro lado está el ayuntamiento de color rosa con el retrato de Napoleón recordando el bicentenario de su establecimiento en la isla (1814-2014). Subiendo por las interminables escaleras llegue al teatro dei vigilanti, por fuera parece muy moderno pero en la puerta hay fotos de su interior y se puede ver que no es de construcción tan moderna (fue cosa de Napoleón). Por la tarde tenía una clase de baile de la época regencia con el maestro Donal Francis. Fue fabuloso, el lugar estaba muy bien y las lecciones fueron muy fáciles y divertidas con tanta gente, muy maja toda ella; malteses, españoles, italianos, rusos, ingleses, holandeses…. Los últimos bailes reconozco que claudique y me senté en el suelo pero es que el no dormir desde las 11.30 del día anterior que había empezado el viaje me estaba pasando factura (excepto tres horas en el tren). Tras el baile fui a recoger los trajes de época que tenía alquilados a Margarita, la organizadora de los eventos, y a lo tonto me quedé hasta pasada la una de la madrugada, pero hacía una noche fresquita y se estaba de maravilla por la calle. Al día siguiente me marché a Porto Azurro y luego regrese para ver alguno de los museos que pillé cerrados el día anterior. Lo que me dejé fue entrar a los fuertes (uno de ellos está cerrado por rehabilitación) y recorrer las murallas Medici. Lo había dejado para el domingo, que tenía medio día libre, pero lo pasé con las españolas que conocí y no me importó, aunque por las fotos que he visto desde las Murallas Medici hay unas vistas espectaculares de Portoferraio. Luego, el domingo por la noche, no fui a la barbacoa que hacía Margarita, pero tenía que prepararme el equipaje porque al día siguiente salía a las 6 de la mañana. Salía tan pronto para poder pasar el día recordando Florencia (hacia años desde la última vez que estuve pero no ha cambiado nada). En definitiva, unos días intensos en Portoferraio descubriendo sus maravillas. Un lugar muy recomendable.
Visita: Junio 2014

Mis imagenes: Imagenes de Portoferraio , Isla de Elba

Información para viajar: Como llegar a Portoferraio

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