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miércoles, julio 01, 2015

Recreación del Baile de la Duquesa de Richmond - Belgica

The Duchess of Richmond Ball, Bruselas

Quedamos en el apartamento de Margarita para vestirnos y salir las cuatro juntas hacia el Chateau de Sante-Anne donde se celebraba la recreación del baile que la Duquesa de Richmond; baile que organizó la duquesa de Richmond en una Bruselas muy diferente a la de ahora, en la que hace doscientos años estuvo presente Wellington y sus oficiales antes de la batalla de Waterloo donde vencieron al ejercito de Napoleón. Nos ayudamos las unas a las otras para vestirnos, pues los corsés, camisa-enagua, vestidos y demás complementos de la época no son sencillos de poner. Era el primer baile de mi amiga y creo que lo disfrutó muchísimo, aunque he de decir que fue un baile excepcional en el que se cuidó hasta el último detalle (o al menos se vio que se intentó). Cogimos un taxi entre cuatro para llegar al Chateau de Sante-Anne donde se celebraba la recreación del baile (en coche nos costó aproximadamente una hora llegar). El problema del vehículo actual es que el cinturón de seguridad nos arrugó (a menos a mí) completamente el vestido, aunque hubo algunas que no se pudieron el cinturón (yo aprecio mi seguridad más que mi aspecto). Por supuesto no fuimos las primeras en llegar, pero tampoco las ultimas lo que nos permitió disfrutar de los jardines alrededor del chateau. Nada más llegar el taxi nos dejó en la misma puerta del chateau y descendimos como si hubiera sido nuestro coche de caballos el que nos hubiera llevado hasta ahí, el sol todavía brillaba fuerte en el cielo así que mientras nos arreglábamos los vestidos para estar presentables nos encontramos con el resto de españolas que llegaban en otro coche. Aunque la recepción era por la puerta principal del chateau, el sol y la refrescante fuente del jardín invitaba a dar un tranquilo paseo. Tras un momento de recomponerse, atarse las cintas de los zapatos y curiosear el lugar, nos acercamos a la parte de atrás del chateau para disfrutar de los jardines y de la sombra que estos nos daban. La sorieé comenzó con un tentempié y champan. Los invitados que iban llegando salían a los jardines para disfrutar de la magnífica tarde mientras se saludaban entre sí los conocidos, mientras que los desconocidos teníamos que esperar una oportuna presentación. Una de las amigas de Elba me presentó a alguien que ya conocía pero nunca habíamos sido formalmente presentadas, aunque siempre he admirado algunos de sus vestidos y su habilidad para el baile. Mientras el resto de gente socializaba permanecimos en un bonito rincón del jardín, a la sombra y rodeado de vegetación que nos permitía curiosear a todos los invitados, tanto los que ya estaban presentes a nuestra llegada como los que iban llegando al baile. La cena había sido programada para las seis de la tarde pero entre el champan, los aperitivos y la agradable tarde todos los invitados nos quedamos disfrutando de los jardines algo más de lo previsto, así los cabaleros y militares se ponían al día charlando entre sí y las damas apreciaban los trajes y adornos que llevaban, algunas más a la última moda, mientras que otras eran más discretas. Finalmente los sirvientes, con su librea y peluca correctamente colocada durante toda la noche, nos avisaron de que la cena ya iba a ser servida en la segunda planta del chateau. Una vez arriba los grupos, distinguidos entre países o clases sociales se dispersaron en la distribución de los invitados en las mesas. Al inicio estaba sentada entre un caballero y una dama ingleses pero un caballero inglés insistió en cambiar su lugar, algo fuera de lo habitual, para que me sentará con las otras dos españolas, aunque he de decir que no conversamos mucho, tal vez cohibidas por el acto tan fuera de protocolo y lleno de galantería. El salón donde se sirvió la cena tenía unas hermosas lámparas y solo desentonaban las botellas de agua con la etiqueta. La cena fue un primero que no recuerdo qué era pero no me gustó, lo cual era lógico conociendo mis gustos tan poco refinados, el segundo fue cordero y el postre delicioso chocolate caliente dentro de chocolate duro y cubierto en la parte de arriba por helado de vainilla, sin duda lo mejor de la cena. Al poco de comenzar la cena un caballero, temo no poder decir el nombre correcto pues no veía y apenas oía, se levantó para brindar, apenas escuche que brindábamos por el rey de Inglaterra, por lo que nos pusimos en pie levantando nuestras copas brindando por el rey y la victoria sobre Napoleón. Continuamos con una agradable cena, mientras escuchaba las conversaciones a mi alrededor (ni siquiera conocía a la gente con la que estaba sentada por lo que no sabía que decir, aunque algunos los había visto en el baile disfrutado en la Isla de Elba cuando Napoleón estaba desterrado). Otro brindis llegó, esta vez por alguien de Holanda caído en batalla. Hay cierta incomodidad en estos vestido a la última moda de 1815 por los cuales levantarse y sentarse no es cosa fácil. Tal vez no fuera lo más adecuado pero con el calor de la sala algunas damas, incluida yo, sacamos el abanico para refrescarnos, aunque somos las que menos deberíamos quejarnos porque los hombres seguían con sus chaquetas, chalecos, camisas, pañuelos correctamente colocados. Llegó el último brindis, este por las damas presentes, al que siguieron todos los caballeros. La cena hubiera sido perfecta sino hubiera acontecido un pequeño alboroto en mi mesa, al parecer una de las sillas se rompió y el caballero de enfrente cayó al suelo derramando la copa de vino tinto sobre él. La duquesa vino presta para ver qué pasaba pero el desconsuelo de la esposa del caballero era palpable y lógico tras semejante contratiempo. No sé cómo lo arreglaron pero al final de la noche vi al caballero durante el baile y pude percatarme que su chaqueta ya no estaba manchada de rojo, aunque no puedo decir si su chaleco de seda consiguió salvarse del desastre. Salimos de la cena para acercarnos al tocador y asearnos antes de bajar a la planta de abajo para disfrutar del baile. Mientras charlábamos nos entretuvimos y apenas vimos el comienzo del baile desde lo alto de las escaleras, cosas del lugar y la época impedían tener un lugar más amplio para un baile así. Desde arriba mi amiga y yo distinguimos el sonido de las castañuelas y cuando bajamos pudimos descubrir como el maestro de baile las usaba ocasionalmente para marcar los pasos del baile, y que recuerdos nos trajo eso a nuestra memoria, pues de niñas habíamos hechos ambas jota, y nuestra profesora de baile siempre nos marcaba los pasos con las castañuelas. Por tema de espacio los músicos se encontraban cerca del hueco de la escalera pero aunque el lugar no era un palacio ruso o una elegante casa londinense (hay que tener en cuenta que estábamos en guerra y que Napoleón se adentraba en Bélgica), el baile resultó espectacular. Ninguna dama quería dejar de bailar, aunque como no conocíamos a nadie no tuvimos ninguna pareja de baile, así que de dos bailes que sabía solo pude bailar uno. Siendo malvadas he de decir que mi amiga y yo disfrutamos criticando cuando no bailábamos, entre el afán por no perderse un baile en un lugar tan pequeño y la falta de habilidad o conocimientos de algunas parejas de baile nos daban imágenes muy divertidas, donde no hubo ningún accidente pero pudo haberlo (hasta hubo parejas que se intercambiaron los roles y ni siquiera se dieron cuenta).La duquesa muy amablemente habló con todos los invitados, y disculpándose de no poder atendernos a todos y nos dio un par de agradable sorpresas cuando en un descanso del baile el duque de Wellingtn y la duquesa de Richmond nos hicieron salir a la terraza donde nos esperaba una maravillosa sorpresa. Cuando todos los invitados estaban ya en el jardín o en las escaleras del chateau llegaron los soldados de un regimiento que no sé distinguir (en uniformes militares me pierdo con tantos aliados) desfilando las banderas y tocando música militar. Y frente a nosotros en el jardín nos ofrecieron un espectáculo de música y disciplina digno de aplaudir. Tras ello los soldados se quedaron en el baile, y algunas parejas salieron a la oscuridad de los jardines. Mucho antes que nosotras los soldados tuvieron que volver a su campamento cerca de Waterloo pero permanecieron un tiempo en el baile, dándole un toque de color con sus uniformes. He de decir que algunos caballeros se excedieron en el champan y que posiblemente lamentaron quedarse con sus trajes de gala hasta tan tarde en el baile pues al día siguiente tenían instrucción (no quiero saber cómo consiguieron pasarla). El baile fue interrumpido cuando Wellington recibió un mensaje urgente, y tras leerlo nos llamó a todos la atención para comunicarnos, cono horror para las damas ahí presente, que Napoleón se acercaba a Bruselas, y que antes de llegar le harían frente, por lo que el baile podía continuar y los oficiales podrían terminar de bailar antes de salir hacia la batalla: “Que continúe el baile dijo Wellington”. Sobre las dos o las tres de la mañana nos fuimos marchando, las damas las últimas en abandonar el lugar. (Que yo creo que hubiéramos llegado antes en coche de caballos que en taxi al hotel, porque a los taxis les costó llegar). La fotografía de la entrada pertenece a Simon Walde y fue hecha durante la cena, para ser más auténticos en la recreación no estaban permitidos ni móviles ni cámaras por lo que solo tenían cámaras los fotógrafos profesionales contratados para el baile. 

Fotografía de la entrada: All rights reserved © Copyright Sander de Wilde

Visita: Junio 2015


martes, junio 30, 2015

Bruselas - Belgica

Bruselas

Tras nuestro viaje de un día a Luxemburgo y agotada de tanto subir y bajar cuestas y escaleras, tenía solo la mañana para mostrarle a mi amiga Bruselas. Yo ya había estado varias veces, así que para no quedarme en ver los mismos sitios de nuevo añadimos lo que pudiéramos de la ruta del comic, que además va enlazada con algunos de los puntos turísticos de la ciudad. Comenzamos por la catedral de San Miguel, dado que estaba al lado de nuestro hotel. Siempre recuerdo que la primera vez que entré en la catedral me sorprendió mucho ver esas figuras tamaño real de los santos armados con espadas, hachas y demás objetos dorados, me pareció muy bélico. Al entrar después de tantos años desde la última vez, me di cuenta de que nada había cambiado, ni siquiera la figura de San Miguel matando al dragón (si no fuera por las alas diría que era San Jorge). Al lado de la catedral está el primer mural de nuestra ruta del comic: el escorpión, que fue el que más me gustó de la ruta, aunque casi lo ocultaban unos andamios (nos perseguian los andamios). Bajamos de la catedral camino de la Bolsa y así pasamos por otros dos murales, recuerdo de mi época infantil cuando leía la revista T.B.O. (tebeo). Y desde la Bolsa entramos a la Grand Place, y he de decir que poco o nada ha cambiado desde la última vez que estuve, algunas de las casas de los gremios estaban tapadas en reparación pero el ayuntamiento y el palacio museo se mostraban igual que hace años. Mientras esperaba a que mi amiga hiciera las compras de rigor descubrí que la tiendecita donde me compraba gofres con chocolate recién hechos para comérmelos en las escaleras de la Grand Place seguía ahí, aunque la figura de bronce, dorada por el toque de los turistas, que estaba en una calle lateral al ayuntamiento había desaparecido. Siguiendo por esa misma calle continuamos con la ruta del comic, justo donde dejamos al niño meón pasamos por murales de Tintín y otros personajes de T.B.O., realmente no nos cundió tanto el tiempo como lo esperado porque los murales están pintados en los laterales de las casas por lo que a veces es complicado verlos según la acera por la que camines o la dirección que lleves. En algunos casos hasta tuvimos que recorrer un par de veces una misma calle mirando a cada lado y cruzando de acera hasta encontrarlos. Los primeros murales, los cercanos a los lugares turisticos, están muy cerca entre sí, la única dificultad es verlos (parecería que se dejan ver, pero todo depende de por donde camines). Luego, a medida que continuamos, los murales ya se iban separando más, y nos adentrarnos en un barrio donde las pintadas ensuciaban los murales. Como ya iba siendo la hora de comer decidimos volver a un lugar con más turistas para ir a comer. Nos quedaron varios murales pero todos ellos están algo más alejados del centro (el corto maltes, por ejemplo). También quería haber visto el Old England hotel y el museo del comic, pero la busqueda de los murales nos quitó más tiempo del previsto (además de que yo andaba cansadisima del madrugón y las cuestas y escaleras de Luxemburgo, que es muy verde y bonito pero fue un día muy intenso). Hubo un par de murales, como el del gato y otro más, que están junto a la estación de tren de Midi, que los vimos varias veces al pasar por ahí el tren, incluso la noche al regresar de Waterloo, dado que estaban iluminados. Y esto es lo que dio  de sí una mañana en Bruselas. Por la tarde, debido a que mi amiga no tenía traje, teníamos que salir pronto del hotel para que le alquilaran un traje de época napoleónica para la Recreaciñon del Baile de la Duquesa de Richmond que disfrutamos esa misma tarde-noche. Como veis la cosa ya empezaba a descuadrar en cuanto a tiempos, así que se veía que no íbamos a cumplir el objetivo de visitas. Al menos disfrutamos cada minuto del día levantándonos a las seis o siete de la mañana y echándonos a las dos o tres de la mañana (es lo que tiene viajar para hacer turismo y recrear, las dos cosas suponen mucho tiempo).
Visita: Junio 2015

Información para viajar: 

Transporte en Bélgica
Tren por Europa

Souvenirs:
Recuerdo de Belgica

Entradas relacionadas:
- Bruselas en 2002

sábado, noviembre 15, 2008

Bruselas - Belgica

Bruselas

Bruselas es un lugar al que fuí en tres ocasiones. Cuando estaba en Francia aproveche tres fines de semana para ir a Bruselas, dado que en tren estaba en media hora ahí. Fui en tantas ocasiones porque realmente es una ciudad que me gusto aunque me he encontrado con mucha gente a la que Bruselas no le ha gustado en absoluto y les parece fea. La primera vez que fui, en el eurostar, acabe perdiéndome, no fue de forma intencionada pero tenía un plano y al salir de la estación era o girar a la derecha o a la izquierda. Y tal fue mi suerte que gire hacia el lado contrario, empecé a encontrar todo casas de vivienda, las calles vacías y silenciosas, ningún comercio, nada. Finalmente oí a un grupo de tres personas por la calle y me acerque a ellos porque eran los primeros seres vivos que veía en rato, y resulta que hablaban español porque eran españoles emigrantes, llevaban varios años viviendo ahí y ya tenían nietos belgas. Finalmente me dirigieron hacia el lado correcto, y el centro de la ciudad estaba casi al lado de la estación, pero del lado contrario al que cogí yo. Y además cerca del edificio que da las pensiones (me lo comentaron los españoles que me guiaron). Bruselas tiene para ver la Grand Place y sus alrededores, la catedral y la zona del parlamento con el edificio del atomium, donde se puede subir. Yo preferí la catedral y la zona de la gran place, porque es más bonita a mi gusto. La catedral por fuera, no destaca, pero por dentro es especial en cuanto a que en cuanto entras puedes ver por todo el pasillo central hacia el fondo de la iglesia unas esculturas de santos a tamaña real todas armadas con una hoz, un azadón, una espada… con lo que, además, situadas en alto, dan bastante impresión. Al final hay una estatua de tamaño real de San Jorge matando al dragón. En cuanto a la zona de la Grand Place, está el pequeñísimo niño meón, que de pequeño solo se le ve el vestido, no vale mucho la pena pero luego está la Grand Place que es impresionante, unas pequeñas callejuelas dan a la plaza donde está el palacio real, un palacio de cuento de hadas, y al ayuntamiento que es como una enorme catedral, después descubrí que el ayuntamiento de Viena es igual al de Bruselas pero siempre recordare lo impresionante de este ayuntamiento, que mas bien parecía una catedral, también están las casitas que rodean la plaza y lo mejor, sentarse en cualquier rincón a comer un gofre de chocolate belga. Delicioso, nunca he vuelto a comer un chocolate y menos todavía un gofre con chocolate como ese. Siempre lo he dicho y siempre lo diré: los mejores gofres con chocolate en Bélgica. En otra callejuela también llegue a un mercadillo de joyas antiguas. Recorrí más lugares como el atonium, el niño meón (pequeñísimo por cierto), museos varios... pero estos son los que mejor recuerdo por ser los que más me impactaron.

Visita: Entre Junio y Agosto 2002

Mis imágenes:  Dentro del Álbum de Bélgica (enlace actualizado en 2015)

Información para viajar: aqui

Entradas relacionadas:
- Bruselas en 2015


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