Paseo en barco de vapor (con ruedas) en Nueva Orleans

Quien haya leído a Mark Twain no puede dejar de pensar en montar en un barco a vapor y surcar el Misisipi, reviviendo las aventuras de Tom Sawyer y Huckleberry Finn. Por lo que cuando uno llegó a Nueva Orleans, una de las actividades que es imprescindible para vivir esos momentos; es aventurarse por el río en un vapor siguiendo los tiempos en que Twain escribía Tom Sawyer. 

Yo fui en el Natchez, que hace dos rutas al día (yo hice las dos). El Natchez es uno de los tres barcos de vapor que siguen recorriendo el río Misisipi. El barco está amarrado frente al Barrio Francés, a escasa distancia de los buñuelos del Cafe du Monde y de los plataneros de Jackson Square. Estoy en el principal puerto del literario río Misisipi preparada para un viaje por el ayer. 

 El barco es una réplica fiel de los viejos barcos que recorrían el río y uno de los últimos barcos de vapor verdaderos que se han construido. Desde lejos se puede apreciar las inmensas ruedas de palas con las que se va moviendo y que hace tan característicos a estos barcos. Cuando uno piensa en surcar el Misisipi estos barcos y una balsa es lo que uno puede reproducir en su cabeza. El barco es bastante grande y al menos por la noche se llena de gente. De día hay gente pero no lo vi tan abarrotado como por la noche. 


Cuando el barco sale o llega al embarcadero el capitán grita sus órdenes usando un megáfono, se puede ver a la tripulación en las esquinas comunicándose con megáfonos y silbatos. Toda la tripulación está vestida para que sientas que estas subiendo a un barco como de entonces, cuando la tripulación llevaba traje. 

Cuando zarpamos el timonel saca un silbato de cobre y acero que despide una columna de vapor. El paseo de día tiene el aliciente de las vistas, porque la aventura de viajar en un barco de vapor de este tipo no incluye adrenalina, sino tranquilidad mientras se ve el tráfico del río Misisipi y se van conociendo las distintas costas. 

De vez en cuando por megafonía comentan las vistas que se pueden obtener. Por ejemplo se pasa junto a la refinería de azúcar Domino, y por Chalmette, el sitio donde el general Andrew Jackson derrotó a los británicos en la Batalla de Nueva Orleáns. 

En el regreso al puerto de Nueva Orleans puedes tener suerte y conseguir ver el interior del barco, ya sea la sala de máquinas o la sala donde tripula el capitán (en mi caso pude ver al capitán maniobrando). Y sino, lo que sin duda no puedes dejar de ver es la rueda que impulsa el barco en la parte trasera del mismo, donde hay un pasillo como un balcón donde ver el movimiento de las paletas de la rueda. 



Y si en el trayecto de día contamos con las vistas, el viaje nocturno tiene otro aliciente: la música. 

El paseo comienza por la tarde, de forma que se puede ver el horizonte de la Nueva Orleans que a bordo del barco de vapor, así como el atardecer sobre el río Misisipi. Así como cruzarnos con otro de los barcos de vapor que surcan el río. 

En el viaje nocturno está la opción de solo viajar, o de viajar con cena incluida. Hay dos turnos de cena, el primero comienza nada más zarpar el barco y el otro justo después de que termine el primero, la cena es un buffet de comida de Nueva Orleans. Todo depende de la necesidad que uno tenga de cenar. Si eres de cena tardía no hace falta coger el buffet. En el viaje de noche también es posible visitar la sala de máquinas que parece un pequeño museo, con todo tipo de artefactos históricos. 


Pero lo más resaltable del recorrido, como decía, es la música. Y es que desde que zarpamos hasta que regresamos, la tarde, el atardecer y la noche cerrada durante la cual recorrimos el río, tenemos música en directo sin interrupciones. La banda Dukes of dixiland tocan tanto dixie como algo de jazz para hacer que el viaje por el río de noche tenga todos los encantados de las noches de Nueva Orleans. La noche cae sobre Nueva Orleans, las ruedas golpean sobre el agua del Misisipi, mientras la música del saxo no para de sonar y la gente baila sobre cubierta. Las horas pasan volando y uno llega a puerto con ganas de seguir bailando. 

Sin duda los barcos de vapor surcando el Misisipi son parte del encanto de Nueva Orleáns.

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