lunes, julio 08, 2013

Langkawi - Malasia

Langkawi 

Tenía pensado pasar tres días en la isla y disfrutar lo máximo posible, aunque no tenia forma de moverme libremente (en la isla de Langkawi no existen transportes públicos; hay que alquilar coche o moto, algo que lógicamente yo no hago, o coger un taxi, andar o contratar un tour) ya había hecho el cálculo de a que sitios podía gastar en taxi y cuales tendría que perder, pero el caso es que estuve menos tiempo en Langkawi. El motivo: problemas con el transporte. Como decía en mi otra entrada en Penang nos despedimos del grupo y cada uno siguió su destino, al punto de la mañana salí del hotel para dirigirme a Gerogetown a donde las entradas del ferry (junto al monumento conmemorativo de la Reina Victoria) y a medida que me acercaba veía un montón de gente alterada. Finalmente descubrí que el motivo es que el ferry (que el día anterior había estado funcionando perfectamente) había cerrado sus salidas en el día debido al mal estado del mar. Y a parte de devolverte el dinero no te daban muchas más soluciones. Imaginaos que faena el saber que no hay forma de llegar a Langkawi. No estaba dispuesta a pagar una noche más de hotel en Penang, cuando ya estaba aburrida del lugar y quería cambiar (dos días son suficientes si ya has visto templos chinos suficientes y no eres aficionado a tumbarte en la playa por horas o hacer deportes acuáticos) así que hubo que buscar otras alternativas para llegar a langkawi. Había dos formar, contratar un taxi o ir en bus hasta otro lugar más arriba de Penang (ahora no recuerdo el nombre, si lo encuentro en los papeles lo anoto) y de ahí coger un ferry a Langkawi, como la distancia del ferry era solo una hora (más cercano que desde Penang) no había problema de salidas (y a decir verdad estaban saliendo) o bien ir en avión, pero para esto habría que tener asientos libres. Finalmente, como no pintaba muy claro que cuando llegara a donde fuera todavía salieran los ferrys decidí optar por el vuelo y acercarme a la agencia firefly que tiene vuelos desde Penang a Langkawi y ver si había plazas. Había plazas así que cogí un billete de avión, y al comprarlo me pedían un número de teléfono de Malasia (no les servía el mío español pero que estaba operativo en Malasia) así que el conductor que me llevo, muy majo él, dio su número de teléfono. Luego me llevo al aeropuerto y no pareció nada caro el predio. El segundo problema para llegar pronto a Langkawi es que el vuelo se retraso cinco veces en la pantalla, al final pase unas cinco horas o así en el aeropuerto de Penang. En ese tiempo me dio tiempo de ver que en los aeropuertos tienen salas de oración (musulmán) para hombres y mujeres (separadas). El vuelo apenas me costó cuarenta euros al cambio pero era casi mas una avioneta que un avión y parte del equipaje quedó fuera, a mi no me perdieron ninguna maleta pero a varios pasajeros sí. El caso es que a lo que llegué al hotel en Langkawi, que estaba muy cerca del aeropuerto, ya era bastante tarde y apenas me dio tiempo de recorrer el complejo hotelero para encontrar la salida andando y poco más. Me explicaré con lo de encontrar la salida andando, el hotel son casitas malayas a lo largo de la costa y dentro de la montaña rodeada de monos danzando (los vi pasar de tejado en tejado con asiduidad), y tienes que llamar para que te vengan a recorrer en un carrito y llevarte y traerte a la recepción. Como no quería depender de ir siempre en carrito busque la forma de llegar sin perderme a la recepción – salida del hotel y a menos que estuviera muy agotada o fuera mi salida con la maleta no tenía pensado estar llamando y esperando a que un cochecito me llevara y me trajera a mi casita malaya. El caso es que entre llegar, registrarme, ir hasta la casita en el carrito dejando a otros clientes en sus casas, y demás a lo que salí era un poco tarde. Así que al día siguiente tenía que aprovechar al máximo la pérdida de un día entero. Me levante pronto y salí a recepción por el desayuno, pro el camino pude ver parte del complejo con la marea baja y de repente unos ruidos, y una familia de monos de todos los tamaños pasaron ante mí de un arbusto corriendo a trepar a un árbol. El último y más pequeño se cayó un par de veces intentado subir. No me gustan muchos los animales pero fue un momento interesante, solo yo y esa familia de monos paseando libremente. Cuando se escondieron retome mi camino y me encontré con otro par de monos jugando con la basura intentando sacar comida. Tras el desayuno me acerco a la playa del hotel, no hay nadie a estas horas y el agua trasparente resulta muy atractiva, justo detrás se ve la montaña y el teleférico. Dejo la playa tras recorrerla un poco y pienso si tomar un taxi hasta el cablecar o no, hay mucha fila en recepción así que empiezo a caminar y resulta que el hotel está pegado al oriental villaje, que es un pueblecito de tiendas donde tomar el teleférico, así que eso que me ahorro. El oriental village es básicamente un pueblo de tiendas con un lago artificial y vistas de la impresionante montaña. Me acerco a el teleférico y aunque no hay fila para sacar el billete si la hay para subir al teleférico. Los encargado te van colocando, por ejemplo, como yo iba sola me colaron porque tenían un grupo de australianos que tenían un hueco libre por lo que todas las cabinas suben llenas. Durante la subida disfruto de la vista de la cascada cercana, se ve impresionante desde el cielo, si se ve tan grande entre la vegetación como será cuando estés cerca de ella. Los australianos hablan un poco de fútbol (del suyo, no del nuestro) y una mujer muy maja intenta entablar conversación conmigo pero a los australianos no los entiendo muy bien. Cuando nos acercamos al final vemos el puente, casi cubierto por las nubes se ve impresionante también. Ya arriba se puede pasear por los miradores varios y disfrutar de comida o bebidas. Esto es importante porque las nubes se van alejando lo que es bueno porque dejan unas vistas impresionantes pero el calor empieza a ser bastante intenso a la altura de 700 metros sobre el nivel del mar. Una zona de los miradores tiene un cartel para que sepas que a las 7 de la tarde desde ahí se ve el atardecer, por otro lado otros miradores dan al puente, o a las vistas de la costa y de las islas repartidas alrededor de Langkawi. La vista ya vale la pena aunque el puente está cerrado por obras desde hace más de un año. Tras bajar paro a comer en el Oriental village y de ahí paso por un pequeño canopy walk, fue una alegría hacerlo porque me quedaría sin disfrutarlo (más adelante comento por qué). De aquí tomo un taxi a las cascadas, que de cerca no me llaman tanto la atención o puede ser que el calor me esté cansando mucho. Regreso en taxi al oriental village y tras ver la hora decido que vale la pena volver y ver la playa en serio y dejar la montaña. Regreso andando al complejo y uno de los conductores en cochecito se par ay me pregunta si voy a recepción y me dice que suba que me lleva, lo que se agradece. Tras llegar bajo a la playa y la recorro, y luego me marcho a descubrir el complejo, en ello descubro un mirador al mar increíble, con sillas que sería bueno usar para el amanecer, eso si consigo despertarme para ir hasta ahí. La marea esta alta y cubre los pilones de las casas malayas que están en el mar y los empleados del hotel van de un lado a otro en motos. Parece que he hecho poco pero todo el tiempo gastado en el cablecar es bastante. Al día siguiente tengo un tour contratado por internet para ver los manglares. Me llaman de recepción para decir que han pedido recogerme hora y media antes, no hay problema. Hay muchos tours por los manglares, tanto en la isla como pro internet, me costó elegir el mío pero salí encantada con el viaje. La pena es no haber podido tener el día que perdí para ver todo lo demás que tiene Langkawi para ofrecer. Sobre todo me peno porque al recogerme fui la segunda en ser recogida, una madre y su hija chinas iban antes, pero luego fuimos recogiendo a otros clientes a sus hoteles y luego el guía nos enseño el mapa y habíamos recorrido tres cuartas partes de la isla recogiendo a la gente, así que pude ver bastante de cada zona de la isla desde la furgoneta. Nos acercaron al muelle donde tomaríamos una lancha para comenzar el tour. Con el tour nos daban drinking wwater. Lo de drinking water no sé si lo eh contado antes pero es que ahí venden agua embotellada potable y agua mineral embotellada. Aquí el agua potable la solemos beber del grifo, ahí la venden, pero especificando que no es mineral pero si potable- drinking water-. Nuestra primera parada fue Cueva de los murciélagos, el tour estaba muy enfocado hacia los animales, pero aunque no me gustan los bichos no puedo evitar decir que fue muy interesante, pasamos alrededor de la roca, por debajo de la gruta que cuando hay marea alta se llena de agua del manglar y vimos arañas y demás insectos de cerca. En una zona donde por la marea baja se veían las raíces de los arboles, arriba en la roca había una especia de palmera que es un árbol prehistórico que todavía se conserva, camino a la cueva de los murciélagos vemos una serpiente verde entre las ramas de los arboles, se mueve como el viento que mueve las ramas y al principio me cuesta distinguirla de lo bien camuflada que está. Aquí nos explica que uno de los arboles que nos rodea del manglar lo llaman el árbol de los ciegos, coge una de las hojas y vemos el liquido blanco que lleva, si te lo tomas te da diarreas fuertes, y si lo pones en contacto con los ojos te quedas temporalmente ciego. Entramos a la cueva con grandes estalactitas para ver a los murciélagos, cientos de los vivos, y uno vimos que muerto. De aquí nos vamos en barca a una zona donde hay varios restaurantes flotantes donde podemos ver a los peces y mariscos del manglar que enseñan a los turistas en todos los restaurantes. De estas casitas flotantes solo un par son realmente piscifactorías, el resto son restaurante-piscifactorías para turistas. Vemos bastantes veleros extranjeros, el guía nos comenta que en esa zona aparcar (como se diga en lenguaje náutico) el barco es gratis. De aquí entramos en el manglar, solo nosotros, ninguna barca cerca, las raíces de los arboles alcance de mi mano, es un paisaje que me recordó a los pantanos de Luisiana y que me encantó, por lo diferente y especial que se sentía. Pasamos por un pasillo bajo la montaña, la cueva del cocodrilo, pasamos al río Kilim. Aquí encontramos una serie de monos en la costa del manglar, mirándonos, nos acercamos con la estrechez del río y los monos intentan subir a la barca y van tras la botella de agua del guía, que lleva por fuera de la mochila. El guía se va a popa y deja que los monos suban y les da de beber con su botella de agua. No es explica que en épocas de sequia los monos buscan el plástico porque saben que contienen liquido, dado que el agua del manglar no es potable para ellos. Mientras otros monos nos observan impasibles desde las raíces de los manglares. De aquí vamos a ver las águilas, pasan tan cerca de nosotros cuando bajan al río a pescar alimento que resulta increíble lo bien que se ven los colores y formas de sus alas. No soy amante de los animales pero pese a la cantidad de animales libres en su hábitat natural que vi, me encantó el tour, tal vez es más emocionante verlo así que verlo en cualquier otro lugar donde los controlan más. De aquí fuimos a comer a un restaurante flotante. Y tras la comida nos acercamos a una playa pero el mar se presentaba picado así que el guía nos dio la elección de salir al mar y volver por la costa del mar o por donde habíamos ido, por el manglar. Nos pusimos los chalecos salvavidas y salimos a mar abierto, el mar de Andaman, donde el bote se puso a máxima velocidad hasta llegar a nuestro destino. El cielo estaba despejado y por un lado se veía Tailandia, y por el otro la cosa de Langkawi: mar azul turquesa, rocas de frondoso verde con formas caprichosa, hermoso paisaje. El tour acaba aquí y nos llevan al embarcadero del que hemos salido y regresamos al hotel, a lo que llego el día casi a terminado, y al día siguiente a primera hora salgo hacia Kuala Lumpur.
Visita: Mayo 2013

Mis imagenes: Langkawi

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